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miércoles, 14 de mayo de 2008

Un Tintín revolucionario

Ya llevamos 8 meses de viaje y por el camino, una y otra vez, nos hemos encontrado con los mismos personajes. Cuatro viajeros de renombre que se ganaron la fama a pulso. Igual que nosotros dieron la vuelta al mundo, alguno incluso en más de una ocasión. A pesar de compartir ruta con ellos, no pudimos intimar con ninguno, entre otras cosas, porque todos están más muertos que vivos. Dos marinos, un pirata y un científico. El Capitán Cook, descubridor de Oceanía y de cientos de islas del Pacífico. El Capitán Cousteau y la tripulación del Calypso, pioneros del buceo en medio mundo. El corsario Drake, con sietes aros en su oreja ganados por cada mar en el que navegó. Y el naturalista Darwin, persiguiendo a la evolución de islote en islote, haciendo de los cinco continentes su único laboratorio.

No ha habido país o sitio por el que hayamos pasado donde no nos hablasen de algunos de ellos, cuando no de todos. Sus biografías son aventuras tan alucinantes que puestas en una película las tomaríamos por falsas y exageradas. A pesar de ello, lo admitimos, nunca antes les habíamos dado ninguna importancia. Ni a ellos ni a otras personas, acontecimientos o lugares que habíamos oído mencionar decenas de veces pero a los que, en realidad, no habíamos prestado la menor atención. Sucesos que creíamos conocer y hechos que desconocíamos. Personajes que nos han dejado maravillados y personajillos que nos han asqueado. Nombres, fechas, ciudades que dábamos por sabidos pero que en realidad hemos descubierto durante el viaje. Para bien o para mal, ahora ya son parte de nuestra vuelta al mundo pero, por encima de todos, hay uno que se ha ganado un puesto especial en nuestro corazón de viajeros. Ernesto “Che” Guevara.

Antes, cuando veíamos el retrato del Che, pensábamos en un mito muerto o en un hippy militar, en un tatuaje cutre o en una camiseta de mercadillo, en unos diarios o en una motocicleta. Ahora ya no. Ahora conocemos su verdadera historia y, por eso, siempre le rendiremos homenaje. Un hombre con corazón de niño al que sus ideales le empujaron a seguir a un soñador llamado Fidel, para liberar a un país que ni siquiera era el suyo. Con una barca que apenas flotaba, 80 revolucionarios invadiendo una isla con 80.000 soldados. Nunca antes se había ganado una guerra tan desigual pero tampoco nadie había contado en sus filas con el Che. Aquel médico argentino que creó Radio Rebelde para emitir mensajes revolucionarios que provocaron que la Revolución, más que una guerra, fuera un trasvase de continuas deserciones en una sola dirección, hasta estar todos en el mismo bando. Un universitario envestido de Comandante que, a pesar de su asma, de día lideraba a la tropa y de noche les servía como médico, a los suyos y a los otros, sin distinción ni descanso.

El mismo Che que siendo Ministro de Industria y Presidente del Banco Cubano, representante de su nueva tierra en la ONU y héroe en las calles de medio mundo, no pudo soportar la idea de que otros pueblos estuvieran oprimidos y lo dejó todo para irse a liberarlos. Como si fuera el protagonista de un cómic, un Tintín revolucionario en un mundo de papel donde las balas no matan, se fue de historieta en historieta, de país en país, hasta encontrar una viñeta envenenada en una Bolivia tan pobre que ni siquiera supo reconocer al héroe que el destino le había enviado.

Asesinado a sangre fría sin juicio ni defensa por los mismos soldados que lo detuvieron, fue mostrado al mundo como si fuera un trofeo de caza. Aquel día los Pinochet, Videla, Noriega, Somoza, Stroessner, las Juntas Militares, los Escuadrones de la Muerte y otros tantos lo celebraron brindando porque les habían dejado el camino libre para sembrar América de terror y desaparecidos. Pero el Che no hubiera dejado que esto pasara. El Che habría tomado la Plaza de Mayo o se habría subido al monte. Lo que fuera con tal de acabar con ellos. Y, generoso como siempre, lo habría hecho a cambio de su vida. El Che era así. Todo o nada. Patria o muerte.


Fragmentos de la carta pública de despedida del Che para Fidel:

“…Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos… En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste, el espíritu revolucionario de mi pueblo, la sensación de cumplir con el más sagrado de los deberes: luchar contra el imperialismo dondequiera que esté…

Que no dejo a mi mujer y mis hijos nada material y no me apena; me alegro que sea así. Que no pido nada para ellos pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse. Tendría muchas cosas que decirte a ti y a nuestro pueblo pero siento que son innecesarias…

Hasta la victoria siempre. ¡Patria o muerte!”


lunes, 12 de mayo de 2008

50 cumpleños (feliz) de la Revolución

Qué mejor colaborador para nuestro blog que el propio Fidel Castro explicando el balance de su Cuba revolucionaria después de 50 años:

“Cuba fue capaz de erradicar en un año el analfabetismo. Llevó la educación gratuita al 100% de los niños. Posee el más alto índice, 99%, de retención escolar de todo el hemisferio. Ocupa el primer lugar mundial en maestros per cápita y menor cantidad de alumnos por clase. El estudio con remuneración económica del Estado se ha convertido, por primera vez en el mundo, en una oportunidad para todos los jóvenes de 17 a 30 años que no estaban estudiando ni tenían empleo. Cualquier ciudadano puede realizar estudios desde preescolar hasta el título de Doctor en Ciencias sin gastar ni un solo centavo.

La mortalidad infantil es la más baja desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Cuba es hoy el país con el más alto índice de médicos per cápita, duplicando el número de los que la siguen por atrás. La seguridad social abarca al 100% de los ciudadanos del país, cuyos servicios reciben de forma totalmente gratuita.

El 85% de la población es propietaria de la vivienda que está libre de todo impuesto. El 15% restante paga un alquiler absolutamente simbólico, que apenas se eleva al 10% del salario.

El uso de drogas alcanza a un número ínfimo de personas y se lucha resueltamente contra él. La lotería y otras formas de juego lucrativo fueron prohibidos desde el inicio para que nadie cifrara su esperanza de progreso en el azar. Nuestra TV, radio y prensa no practican la publicidad comercial. Cualquier promoción está dirigida a cuestiones de salud, educación, cultura, deporte, defensa medio ambiente, lucha contra las drogas u otros problemas de carácter social. Ningún medio masivo rinde culto o exalta los valores de las podridas sociedades de consumo. No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva, como estatuas, ni fotos oficiales, nombres de calles o instituciones.

Importantes medicamentos desarrollados en Cuba salvan vidas aquí y en otros países. Jamás se investigó ni elaboró arma biológica alguna. Son más de 2000 los heroicos combatientes internacionalistas cubanos que dieron su vida cumpliendo el sagrado deber de apoyar la lucha de liberación por la independencia de otros pueblos hermanos (en Argelia, Congo, Guinea, Cabo Verde, Angola, Namibia, Bolivia, Granada, Nicaragua,…), incluyendo los que pelearon contra el Apartheid en Sudáfrica, lucha que militarmente no apoyó ningún otro país. En ninguno de estos países existe una propiedad cubana. Más de medio millón de cubanos cumplieron misiones internacionalistas como combatientes, maestros, técnicos o médicos. En la actualidad, más de 3000 especialistas en medicina general laboran en los lugares más recónditos de 18 países del Tercer Mundo, sin cobrar ni un solo centavo. Y me paro aquí para no agobiar, pero podría seguir.”


Y tanto que podría hacerlo. Podría hablar de que aquí no hay niños pidiendo, ni gente pasando hambre, ni mendigos, ni nada parecido. O podría contarnos, de forma más sutil, que en Cuba el estrés no existe o que la vanidad no tiene razón de ser, ni tampoco la envidia material, las ganas de ostentar o el ansia de poder. Incluso podría vanagloriarse de que todo esto se ha conseguido, a pesar de lo que diga la propaganda americana, con el apoyo de la mayoría abrumadora de los cubanos que aprobaron su Constitución en un 97%. Y no son votos cualquiera, son votos de gente que ha demostrado tener una consciencia política mucho más desarrollada que la nuestra, con participaciones en todas las elecciones superiores al 80% e involucrándose en la gestión de sus barrios o pueblos con una motivación de la que carecen la mayoría de políticos occidentales.

Y así podríamos continuar todo el día hasta apagar el ordenador, ese portátil con el que un cubano nunca podrá ni soñar. Entonces es cuando salimos a la calle y toda la Revolución se nos cae a los pies. Es verdad que con sus cartillas de racionamiento aquí nadie se morirá de hambre pero tampoco de gusto. Los alimentos disponibles en el mercado pueden contarse con los dedos de una mano y, si no saben cocinar, se aguantan porque en Cuba no hay restaurantes ni nada parecido. Sólo barras cutres o carritos ambulantes donde pedir la carta es un chiste. “Hoy sólo tenemos bocadillo de longaniza y zumo de piña. Lo tomas o lo dejas”. Y eso después de haber hecho una cola de tres pares de narices. Real como que nos pasó a nosotros mismos. En los puestos de pizza sólo tienen la de tomate y si por milagro encuentras de chorizo, no te la recomiendo aunque sólo te cueste 0,2 euros. La calidad de los alimentos es pésima pues todo lo bueno se lo guardan para venderlo en el mercado negro. Ese mercado al que sólo acceden los que tienen contacto con los turistas y sus propinas. El resto, o sea la mayoría, sobrevive con medio dólar al día y los que más con 25 al mes, el sueldo de un médico o policía, sólo 5 menos que el salario del mismísimo Comandante en Jefe.
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Una auténtica miseria en cualquier otro país, más que suficiente en Cuba donde no sabes en qué gastarte el dinero. No puedes cambiarte de casa porque no hay nuevas, ni puedes comprarte una antigua pues su venta está prohibida. Tampoco puedes aspirar a tener un auto, más allá de los que se arrastran desde hace 50 años, porque valen el triple que en Europa con salarios 100 veces menores. Mucho menos cualquier aparato o electrodoméstico que pueda hacerte la vida más fácil porque ni siquiera existen en las tiendas. Y así cualquier cosa que os podáis imaginar. Cierto que los estudios son gratuitos y también que tienes trabajo garantizado pues el Estado contrata a todo el mundo, pero por mucho que curres tampoco ganarás mucho más que tu vecino y, aunque lo hicieras, ya ves que tampoco te serviría de nada.
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A cambio, claro, nadie está explotado en el trabajo. De hecho, muchos de ellos ni siquiera van a currar porque tampoco pasa nada. Sólo pierden el plus de asistencia que equivale a una cerveza al día. Por eso tienen todo el tiempo del mundo para disfrutar de su vida personal. Lástima que no tengan nada que hacer porque, aparte de jugar a béisbol en la calle o hablar con los suyos en casa, cualquier otra distracción no existe. No hay gimnasios, ni cines de verdad, ni boleras, ni bares agradables de un tipo u otro, ni nada que se le parezca. Sólo sitios para los turistas a precio de turistas y se acabó. Y si te mueres de aburrimiento en tu pueblo, lo tienes crudo para irte de allí porque el transporte público sólo existe para los trabajadores. El resto de gente se pudre en las Estaciones de Recogida de Pasajeros, esperando y desesperando a que pase algún coche, camión o tractor del gobierno y los recoja. Algo muy improbable por mucho que todos tengan la obligación de pararse, porque cuando no van llenos a reventar, siempre tienen alguna excusa para saltarse la parada.
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Algunos dirán que tampoco está tan mal una vida así, sin necesidades materiales, y, en parte, hasta les daría la razón pero, cuando lo ves, os aseguro que es como si hubieran metido a un país entero dentro del Show de Truman y ya nada fuera igual. Hasta la más simple de las cosas, ésa que en tu vida diaria das por supuesta, en Cuba es como un milagro. A pesar de ello, buena parte de la humanidad, la que está bien jodida, cambiaría su sitio por estar allí, pero os aseguro que ninguno de nosotros aguantaría ni una semana. Querer que todo el mundo tenga un bienestar similar no es exclusivo de los comunistas pero crear riqueza suficiente para que todos seamos iguales, pero igual de ricos y no de pobres, eso sí que parece ser patrimonio del capitalismo. Ahora sólo hace falta buscar la forma de repartirlo mejor. Que no es moco de pavo pero tampoco barba de revolucionario.
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domingo, 11 de mayo de 2008

Tanto monta, monta tanto

En Cuba a los extranjeros solteros se les ve la mar de contentos. Y de contentas, porque eso de que el turismo sexual es cosa de hombres… por aquí. Las discotecas de los hoteles estarán llenas de cubanas sensuales y todo ese rollo, pero lo que son las calles, los bares, las casas de la Música o de la Trova, están a reventar de jineteros. Cubanos bien guapitos, con los pies rápidos y ágiles, como con las caderas. Ya me entendéis, montadores profesionales. Y ellas más felices que unas pascuas, al estilo Marujita Díaz. Las sacan a bailar, les ríen las gracias y encima pueden desvelar el mito de los negros. A cambio sólo les cuesta unos cuantos dólares en bebidas, comidas y algún que otro regalo tipo ropa o champú. Lo único malo es que a la vuelta posiblemente les dará vergüenza contarlo por eso del qué dirán. Pero “que les quiten lo bailao” deben pensar, porque en la intimidad de la isla no se cortan un pelo.

Y a los que las vemos allí, no os mentiré, tampoco nos parece demasiado extraño. Será porque los tíos van sobrados de ganas o faltos de escrúpulos pero la verdad es que la prostitución masculina da la risa mientras que la femenina da pena. O quizás es porque ellos tienen otras alternativas, aunque sea a base de joderse la espalda moviendo tochos, mientras que ellas a veces no tienen más opción que venderse de arriba abajo. Aunque más abajo que arriba, si entramos en detalles. En fin, que de gordos blanquitos, bien acompañados como los de Pukhet o Copacabana, por aquí hemos visto pocos y, en cambio, solteronas con cara de haber sido abducidas ya van unas cuantas.

Pero para ser honestos, la única diferencia con otros países de Latinoamérica, es que aquí se paga en especies y, quizás por eso, nadie se esconde. Porque menos en Miami, no ha habido aeropuerto americano en el que al llegar no nos hayan soltado un folleto o similar dejando bien claro que el sexo con menores es delito. Guatemala, Costa Rica, Perú, en todos ellos deben tener la piel bien quemada para ponerse crema de este tipo, porque si la primera publicidad que ves de un país, firmada por el propio Gobierno, te cuenta que allí las niñas se venden y que tú mejor no las compres, apaga y vámonos. Aunque quizás no sea tan extraño como parece porque viendo a todas esas occidentales, con su libro bajo el brazo y su doctorado en la maleta pero el mojito en la mano y el culo bien servido, a uno le entran dudas de si los clientes de tales servicios son pocos y cobardes, o si por ser cobardes, vemos a pocos. O pocas. Que tanto monta, monta tanto.

viernes, 25 de abril de 2008

¡Quiero mi Cuba libre!

"Gracias pero nuestra Cuba ya es libre". Así responden los revolucionarios a la famosa canción de Gloria Stephan, hija de disidente cubano. Y lo hacen a lo grande, con una valla publicitaria que fuera del Show de Fidel seguramente sería un anuncio de Coca-Cola o de Vodafone. El sentido del humor no se puede negar que todavía no lo han perdido, aunque quizás sea lo único porque, por no quedar, no les quedan ni disidentes. O al menos, no los hemos encontrado a manadas, así que suponemos que la mayoría ya se largaron, en patera o a nado. Incluso algunos afortunados con billete de primera, en lancha rápida y segura, pagada por sus primos exiliados a 10.000 dólares el asiento. Puerto de embarque: Bahía de Cochinos y alrededores, en el sur de la isla, la parte más alejada de Florida y, justo por eso, la menos vigilada.

A los que ya se fueron los veremos en Miami, pero a los cubanos que se han quedado no pudimos dejar de preguntarles si ellos serían los siguientes. Oídas sus respuestas, sonaban más a gallego que a otra cosa. Los había que se lamentaban en voz alta, otros entre líneas pero, en general, nadie lo hacía con rabia ni desespero y, en cambio, siempre con cierto socarrón. O dicho de otra forma, sonaban más a quejas cotidianas como lo serían las nuestras que no a reivindicaciones contrarrevolucionarias de un pueblo oprimido.

- Los cubanos somos conformistas, sólo con que Raúl lo mejore un poco ya tenemos suficiente.
- Si ni tú ni yo podemos cambiarlo, ¿para qué vamos a hablar de ello?
- ¿Qué quieres que te diga que tú no veas?
- Yo estoy muy bien en Cuba pero, claro, si me saliera una oportunidad para irme…
- “100 horas con Fidel” –en referencia a un famoso libro- no son nada al lado de los 50 años que llevo yo con él.

De hecho, tan sólo uno lo hizo con amargura, de esa que pone los pelos de punta.

- Yo soy negro y ya no tengo nada que perder. Esto es una mierda, no tenemos nada de nada y al que se queja se lo llevan para el fondo - nos contaba un veterano de guerra a punto de jubilarse.

Pero tenemos que reconocerlo, por cada uno de esos, nos encontramos a montón de los otros, como las camareras que recogimos en Baracoa.

- Llevamos tres semanas esperando que llegue la guagua de repuesto de Cienfuegos – se justificaban las dos como pidiendo perdón por hacer botella.
- Pues en Cienfuegos tampoco pinta mucho mejor porque las carreteras están llenas de gente como ustedes haciendo autostop. ¿No será que quien tiene que llegar es otro Fidel para hacer una nueva Revolución? – les soltamos esperando que nos rajasen de los Castro y su señora madre.
- Al único Fidel que queremos es al nuestro. Los autobuses acabarán llegando, ya lo verán… – nos contestaron con saña pero con gracia.


50 años de Revolución son muchos para seguir esperando unas guaguas, pero también es cierto que la espera no es ningún calvario. Aquí no existen preocupaciones. No hay hipoteca que pagar, ni recibos que abonar, ni siquiera tienes que currar demasiado para que te den de comer. Algunos dirán que los cubanos se pasan la vida esperando al autobús pero también es verdad que en Cuba no hay nada mejor que hacer. Eso y tomar el sol, que no tiene precio. Para todo lo demás dólares, contantes y sonantes, pero sobretodo currantes. Que como dice Raúl Castro “si queremos tener más, tenemos que trabajar más”. Aunque por mucho que se esfuerce no le hacen ni puñetero caso porque aquí, para slogans, el que triunfa es ese de “me estás estresando compañero”.

Hay dos Cubas y las dos son libres. Una vive en Miami y no para de enviar divisas para que la otra, la que se quedó en casa, pueda seguir con su Revolución idealista. Conociendo ambas es fácil acabar pensando como la primera pero sentirse como la segunda. O dicho de otra forma, creer que es posible un mundo rico como el primero pero solidario como el segundo. Y éste es precisamente el dilema de la mayoría de cubanos. Por una parte, les encantaría vivir como sus primos de Florida pero, por otra, sienten que los ideales de la Revolución son justos y, por tanto, no pueden traicionarlos. Es como tener un pié en cada lado y no saber para dónde moverse sin caerse.


Por eso, al final se quedan quietos. Y más sabiendo lo que les pasó a sus ex-camaradas cuando se fueron de un extremo al otro, sin pasar por en medio. De un socialismo disciplinado a un capitalismo salvaje, sin ninguna transición. Si yo fuera ellos, también me quedaría bien quietecito y estirado si puede ser. Y más con las playas que tienen. Que ser comunista en el Caribe es una cosa y en Siberia otra bien diferente.

miércoles, 23 de abril de 2008

Cubana de Aviación

Para cruzar desde Cancún a La Habana existen dos opciones. Pagar un poco más e ir con Mexicana o cruzar los dedos y viajar con Cubana de Aviación. Si no tenéis miedo a volar, os recomendamos la segunda. No llega a la hora de vuelo pero es un auténtico espectáculo. Desde fuera, todo parece normal. Fuselaje reluciente, tres motores, dos alas y una tripulación vestida a la occidental. Pero sólo meterse en el avión, uno nota que en Cuba en general y en Cubana en particular las cosas son muy diferentes. Para empezar, los ingenieros rusos, suponemos que todavía pensando en la perra que enviaron al espacio, hicieron la escotilla de entrada adaptada a la altura de Laika, así que la mayoría de vosotros tendrá que agachar la cabeza un palmo o más, si no queréis llevaros el primer souvenir en forma de chichón.

Una vez dentro, lo más probable es que toméis asiento al lado de un cubano. Sí, un cubano. Alucinante pero cierto. Uno espera que en el trayecto Resto del Mundo-Cuba haya de todo menos gente del país, pues os habrán contado que están como locos por salir y no por entrar. Todo lo contrario. Menos vosotros y algún que otro guiri despistado, el resto de pasajeros serán morenos con cadenas de oro y mulatas con culos respingones de dimensiones kilométricas. Todos más cubanos que un puro Habano chupado y apagado, sólo que ahora con pasaporte americano. Pasaporte que, con tal de joder a Fidel, lo regalan con el Happy Meal si hace falta. Así, cuando vuelven a su tierra, pueden pasarles por la cara a la parentela lo que buena que está la BigMac. Y bien que lo hacen y no sólo con la BigMac, sino también con la secadora, el dvd y cualquier otro invento diabólico que, lógicamente, el Partido les tiene prohibido a los de aquí porque, como todo el mundo sabe, son instrumentos que devoran el alma de las personas.

Eso sí, todos esos cubanos disidentes de vuelta al pueblo por vacaciones, a la que pillan su asiento, se olvidan de la Coca-Cola y otras mariconadas capitalistas y se piden un Havana Club como dios manda. On the rocks o con Tu-Kola, versión cubana del refresco más famoso del planeta. Porque Cuba es como si fuera un Lidl pero a lo grande. Ni un producto original, sólo copias de mala calidad, con marcas desconocidas, en formatos irracionales y constante fuera de stock. Eso si llegas a verlos porque en La Habana hay menos tiendas que ventanas con los cristales enteros. Y eso ya es decir…

Siguiendo con su bonita tradición de quedarse sin mercancía, lo más probable es que, cuando os llegue vuestro turno, la única botella de Ron que llevaba la azafata en el carrito se haya acabado. Pero no os preocupéis. Detrás suyo, aparecerá un tipo vestido como ella pero con cara de haberse colado por la ventanilla de atrás con la oferta del día. Botella entera de Havana Club a 10 dólares, 15 si te llevas dos. Si os imagináis que lo hace con disimulo para que no lo pille la Policía Revolucionaria por delante, nada más lejos de la realidad. El tío chilla como si estuviera en un mercadillo chino y agita las botellas por encima de su cabeza, de tal manera que tienes que agachar la tuya si no quieres llevarte el segundo coscorrón del día.

En medio de tales acrobacias, pasará lo impensable. Alguien habrá encendido un puro sin permiso o la aeronave se estará quemando tranquilamente, porque desde el suelo no parará de salir humo blanco en cantidades que nunca antes habíais visto en un avión. Por los altavoces os informarán que, aunque vuestros pies desaparezcan entre la bruma, no debéis preocuparos: es el aire acondicionado. Y tienen razón porque al lado de la música, los cubatas, el vendedor ambulante y los gritos de vuestros vecinos, la niebla parece más un efecto de discoteca de los 70s que no un defecto del Yak-42. Sí, leísteis bien. Yak-42, como el famoso de Trillo. Ese tipo de avión que no pasaría ni el ITV de una feria de barrio. Por suerte, todo esto os ha distraído un buen rato y ya estaréis aterrizando. Lo notaréis porque medio avión estará aplaudiendo, jaleando y silbando como una jauría de perros salvajes. No es para menos. Se jugaron la vida para largarse de allí, en patera para Miami o a nado entre minas hasta Guantánamo, y ahora se vuelven con Cubana de Aviación, que viene a ser igual de peligroso pero mucho más caro. Acabáis de llegar a La Habana, bienvenidos al comunismo.




PS 1: tres vuelos y cuatro aviones de Cubana más tarde, os podemos actualizar algunas estadísticas. En un 75% de las ocasiones tuvimos problemas técnicos y no pudimos despegar. La única vez que todo fue correctamente volamos con un Airbus realquilado a una compañía portuguesa de charters.

PS 2: para tranquilidad de nuestros familiares y allegados, transcribimos a continuación la editorial de la Revista Cubana de Aviación.

“…cuando a usted llegue la información de que el equipo que lo traslada es un ingenio mecánico asistido de los más novedosos sistemas de trabajo y navegación que ha inventado el cerebro humano, capaz de burlar la presencia de huracanes o de mofarse de otras complicaciones atmosféricas, el natural recelo que lo invade, a causa de las leyendas urdidas en torno al arte de volar, pasará a un tercer plano…” (y digo yo, si ya se saltan el segundo plano ¿porqué no se van directamente a la cuarta dimensión???)

martes, 8 de abril de 2008

Fidel a la vista

En dos semanas, hemos dado la vuelta a medio Centroamérica. De México nos fuimos a Guatemala y, de allí, pasamos a Belice para subir después hacia el norte y entrar de nuevo en México. Fue como volver a casa. El conductor del autobús sobornó al policía de la frontera con una botella de alcohol y éste, a cambio, no nos cobró nada. Aunque sólo se portó bien con nosotros porque con el resto de guiris se puso las botas. A 25 dólares por cabeza, os podéis imaginar.

Al día siguiente, visitamos Tulum, las únicas ruinas mayas situadas al lado del mar. El ticket de entrada, para variar, estaba fechado y validado desde hacía una semana, así que vete a saber cuánta gente habrá pasado con ese mismo boleto. De vuelta, tres taxis nos ofrecían tres precios diferentes y, curiosamente, cada uno de ellos tenía su propia lista de tarifas oficial para certificarlo. Por la tarde, nos subimos a una guagua de línea para irnos a Playa del Carmen. Lo normal es ir en taxi colectivo, cuesta lo mismo y es mucho más rápido, pero nos dieron mala espina. No por nada la propia gente del pueblo ya nos había avisado que no eran de fiar.




En los próximos días estaremos por el Caribe mexicano para luego irnos a Cuba. Después de tanto liberalismo capitalista con aroma a chorizo ibérico, ya tenemos ganas de volver a un país comunista. Puede ser la monda. El marxismo a la hispana y con un toque isleño. Cuando Belén y yo nos conocimos, el primer país que pusimos en nuestra lista fue Cuba y nos prometimos que iríamos antes de que Fidel se fuera por pataneras. Finalmente cumpliremos nuestra palabra, aunque el Comandante haya perdido un poco de glamour al andar por allí en chándal olímpico en lugar de con su uniforme revolucionario.

Hablando de Olimpiadas, si al final se organiza un boicot contra Beijing ’08, el tío todavía sería capaz de presentarse a los 1500 para mostrar su apoyo a los camaradas chinos. Yo si fuera uno de los otros, lo dejaría ganar para verlo allá arriba en el podium, negándose a recoger la medalla de oro por ser un símbolo del capitalismo imperialista y urgiendo al resto de atletas para que se suban con él al mismo peldaño igualitario. “Compañeros rivales, en Cuba nadie pierde, todos ganan”. Y así durante horas hasta que se le acabara la cuerda.

Cómo debe ser el tío para tener a todo un país secuestrado a sus pies, incluso cuando ya sólo puede ir en zapatillas de dormir. ¿Nunca os habéis preguntado qué puñetas tienen estos dictadores para con su sola presencia condicionar la vida de tantos millones de personas? Todos sabemos que, en cuanto desaparezca, vendrán los cambios en Cuba. Entonces, si todos lo desean, ¿no es absurdo tener que esperar a su muerte y más cuando no deja de ser un pobre anciano a las puertas de su fin? La mayoría de dictadores, antes o después, han acabado saliendo por piernas o con las piernas por delante, que aunque parecido no es lo mismo. Sin embargo, en algunos sitios, aunque pocos por suerte, se han librado incluso de ese pequeño castigo. Fidel en Cuba será uno de ellos, como antes lo fue Mao en China o Franco en España. No se me ocurre qué podían tener estos tres dictadores o pueblos en común para compartir la misma suerte o desgracia respectivamente, pero todos ellos tienen el triste honor de aparecer en la misma lista.

Aprovechando que a los cubanos le gusta hablar, les preguntaremos sobre ello pero me da que, en nuestra encuesta particular al respecto, saldrá ganador el “no sabe / no contesta”. No sea que Fidel esté cerca, con el chándal puesto y la oreja afinada…