Aunque sea un país estrecho y pequeño, Costa Rica parece un gran parque de atracciones. Y de los buenos, todo auténtico, nada de decorados. Hay atracciones de las de mirar y de las de arriesgar, volcanes en erupción por aquí y tortugas anidando por allá. Puedes perseguir delfines o buscar ballenas, bucear con tiburones o saltar en tirolina. O lo mejor de todo, cruzar medio país subido a una balsa, haciendo rafting en el río Pacuare, rodeado de bosques tropicales y de cascadas cristalinas. Bestial. Y para moverte de un lado a otro, sólo necesitas un pequeño 4x4, lo único que faltaba para sentirte como si estuvieras en la versión real de Jurassic Park.