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domingo, 14 de septiembre de 2008

Manifiesto del Viajero

Todas las personas tienen derecho a dar la Vuelta al Mundo. Cada uno de nosotros lo puede hacer cómo y cuándo quiera. No existen normas para ello, ni nunca existirán. La puedes dar de Este a Oeste, o de Norte a Sur. En hoteles de primera o en hostales de mala muerte. De avión en avión o montado en una bicicleta. Ni siquiera es necesario hacerlo seguido en el tiempo, ni tampoco dar la vuelta completa. Un viajero es cualquier persona que al salir de casa, tan solo dando un paso, siente que está empezando algo nuevo, un camino diferente que por sí mismo valdrá la pena, le lleve a la esquina de en frente o al otro lado del mundo. Cualquier persona que continuamente quiera dar esos pasos estará dando la Vuelta al Mundo.

martes, 26 de agosto de 2008

Planeta verde, corazón negro

No os vamos a engañar, el mundo no es maravilloso. Tiene rincones preciosos y gente encantadora pero no todo es el arco iris. Hay sitios donde los niños corren detrás de ti durante cientos de metros para conseguir una botella vacía de agua. Hay sitios donde la gente se amontona en la calle sin nada más que hacer que esperar un trabajo que nunca llegará. Hay sitios donde la mierda se acumula en las esquinas sin que nadie mueva un dedo para limpiarla. Durante nuestra vuelta al mundo hemos ido a sitios que nunca habíamos soñado, pero también tuvimos que huir de otros donde nunca hubiéramos querido llegar.

viernes, 22 de agosto de 2008

La Vuelta al Mundo en 80 platos




En realidad no son 80 platos sino algunos trucos de cocina o recetas del mundo que hemos aprendido por ahí y que no queremos olvidar. Este año hemos comido o cenado en más de 500 restaurantes donde probamos todo tipo de cosas. Lamentablemente lo que nunca podremos hacer es traeros al mejor cocinero del mundo. Lo conocimos en Kyoto, antigua capital del Imperio Japonés. Allí, en el sótano de un pequeño centro comercial, tiene un restaurante con apenas cuatro mesas. Aunque estaba vacío, preferimos sentarnos en la barra para ver como preparaba el sushi. Sólo tuvimos un problema. La carta estaba en japonés, nuestro amigo no hablaba inglés y no teníamos a mano ninguna foto ni plato que señalar, así que el Ferrán Adrià nipón tuvo que improvisar. Sin decirnos nada pero sin dejar de sonreír, empezó a enrollar makis y rolls con tantos ingredientes que era imposible distinguir lo que íbamos a comer. Para rematar, los adornó con una salsa negra y otra blanca, soja caramelizada y mayonesa japonesa. Puro éxtasis. Nunca antes habíamos comido algo así y nunca más volveremos a sentir lo mismo. Un orgasmo gastronómico, y de los femeninos.

sábado, 2 de agosto de 2008

"Allá donde vamos triunfamos"

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Como San Miguel pero diferente. Vamos, que estemos donde estemos, siempre hemos encontrado alguna cerveza fría con la que matar el hambre y refrescar el cuerpo. Y no una sino varias. Las hemos probado de todo tipo. Algunas, incluso, se han ganado nuestro cariño alcohólico para siempre. Por eso, hemos creado unos premios, las Birra de Oro, Plata y Bronce para no olvidar las que más nos gustaron:

La primera Birra de Oro a la mejor cerveza del mundo, la más fría, helada en realidad, por encima de todas las demás, tanto que lleva el nombre del pico más alto del planeta, es para la Everest, del Nepal. Con ella celebramos en la mejor pizzería de Katmandú que Lila nos había conseguido los visados para ir al Tibet.

jueves, 13 de marzo de 2008

Doblando el Ecuador

Esta noche hemos cruzado dos veces el Ecuador. Volamos de Lima a México, pasando del hemisferio Sur al Norte y, a la vez, hemos cumplido 6 meses de viaje. 183 días. Como el 2008 viene bisiesto, tenemos otros tantos por delante aunque ahora ya estaremos siempre más cerca del final que del principio. Pero no queremos ni pensarlo. Todavía nos queda demasiado viaje como para sentir añoranza de algo que sólo hemos construido a medias. Para celebrarlo, nos hemos tomado nuestra última Cuzqueña, cerveza peruana embotellada con las aguas que vienen de la fuente inca de la vida eterna.

Aunque no os penséis que es un intento de pactar con el diablo que el viaje dure para siempre, ni mucho menos. Esta ha sido la mejor decisión de nuestra vida, dar la Vuelta al Mundo, pero ningún viaje lo es si no tiene un final. Un momento en el que cerrar los ojos y mirar atrás con el pensamiento. Un momento en el que abrir los ojos y estar entre los tuyos. Así que, por si alguien tenía dudas, volveremos, aunque no todavía. Antes nos quedan demasiados sitios que conocer, muchos libros por leer y alguno por escribir. Por ahora, sólo estamos contentos de haber llegado hasta aquí, que no parecía nada fácil, pero con compañía todo se lleva mejor.

Y nosotros la hemos disfrutado, de vosotros que nos leéis y de nuestros patrocinadores oficiales, que los tenemos:




http://www.dona10.cat/ : el nombre lo dice todo. Si queréis sentiros diez, no dejéis de ir al gimnasio Dona10 en la calle Córcega 107. Seguro que Alberto os regala una bolsa como la que nos acompañó al Everest y también en el famoso picnic de New Year Eve en Sydney.



http://www.delishop.es/ : si queréis seguir los sabores de nuestro viaje id al Delishop de Mallorca (entre Rambla y Balmes), al de Travessera de Gràcia (entre Gran de Gràcia y Torrent de l'Olla) o a la nueva tienda que Mónica y Ricky están abriendo en la Illa. No dejéis de buscar joyas en su bodega de Vinos del Mundo por menos de 10 euros la botella!


http://loquelaciudadesconde.blogspot.com/ (buscadlo en http://www.casadellibro.com/ ): ya habréis oído hablar de este libro porque incluso a Sudamérica han llegado las noticias. Apuesta de una Editorial de Planeta como próxima sorpresa del día de San Jordi, es tan sólo el primer libro de la saga con la que Pablo Caralps, escritor y a la par mi primo, conseguirá que volváis a disfrutar leyendo.



http://www.abelux.es/ : el Corte Inglés de las lámparas en la misma Plaza Urquinaona. El único sitio de Barcelona donde encontraréis cualquier modelo que busquéis y al precio más barato pues por algo son los líderes del mercado. Sergi no dejará de aconsejaros lo que más os convenga.

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Nos vemos de aquí seis meses!!!

Belén y Pedro

jueves, 6 de marzo de 2008

Sushi o el pecado en tu boca

Nuestro último día en Argentina coincidió también con el último de Marc y Anna, nuestros anfitriones en el país de la Pampa de los que abusamos tanto que hasta nos da vergüenza volverles a dar las gracias. Nosotros nos fuimos para Perú, ellos se iban para Nueva York. Nosotros apenas estaremos dos semanas, ellos se van como mínimo para dos años, los mismos que han estado en Buenos Aires. Para la despedida, escogieron su restaurante favorito de Palermo, el Osaka. Casualmente un peruano-japonés donde probamos delicias como el maki de doble salmón. Y es que ya dicen los expertos que la cocina peruana es la mejor de toda Sudamérica. Si a esto le sumas la japonesa, la mejor de todo el mundo, la combinación es como para no olvidarlo.

Y no lo decimos nosotros, lo dice la Guía Michelin. Justo cuando estábamos en Tokio el pasado Noviembre, publicaron su primera guía de esa ciudad y fue un auténtico bombazo. ¡A sus restaurantes en conjunto les habían dado más estrellas que a cualquier otro centro gastronómico del planeta, París incluido!!! Si nunca has probado el sushi te resultará imposible de creer. Pescado crudo. Desagradable. Asqueroso incluso. Y tienes razón. No es nada fácil sentirse atraído por él. Pero debes probarlo. El primer día que lo tomes no te gustará pero te aseguro que notarás algo especial que, en cierta forma, te atraerá aunque no seas capaz de decir qué es. Entonces será demasiado tarde para volver atrás porque, sin que lo sepas, tu adicción al sushi ya habrá empezado. En pocas semanas o incluso días, volverás a entrar en un japonés. Creerás que es casualidad o el destino, una cena de trabajo o unos amigos que hace tiempo que no ves, pero en realidad será la señal de que estás cayendo en sus redes.

Y eso que seguirá sin agradarte realmente pero, como si de picante se tratara, de forma incomprensible, seguirás comiéndolo una y otra vez hasta que llegue ese día en que, de repente y sin avisar, todo el placer del sushi explotará dentro de tu boca. Cuando te pase, levantarás la mirada sorprendido y verás que tus compañeros de mesa están sintiendo lo mismo. Lo notarás por sus caras y en sus ojos, en su forma lenta de comer para alargar al máximo ese momento en que el sushi llega a su clímax. Sabores y texturas muy diferentes entre ellos pero combinados con tal armonía que, al invadir tu paladar, se irán fusionando unos con otros, multiplicando su fuerza y aroma, provocando que cada momento sea mejor todavía que el anterior.

Extrañado por lo que acabas de sentir, mirarás delante tuyo y sólo encontrarás esas pequeñas piezas de arroz en medio de la mesa, con pescado crudo en su interior o encima suyo. Vistas así te parecerá increíble que haya sido una de ellas la que te ha producido tal placer. Por eso, querrás probarlo de nuevo para ver si ha sido un sueño o un error. Con calma pero agarrando con fuerza los palillos, cogerás otra pieza de sushi. La mojarás en la salsa de soja, suavemente, como para no despertar todavía esa locura de sensaciones que parece encerrar dentro suyo y la acercarás a tu boca. Con los ojos medio cerrados, te prepararás para morderla, esperando de nuevo el frenesí que sentiste antes. Pero, claro, olvidaste que todo eso sucedió al final porque, al principio, más que un mordisco te parecerá un beso.

Fino, suave, seductor. Con esa textura del pescado, fría pero no helada, delicada pero agradable, como si fuera un labio carnoso. Tardarás en apreciar su sabor ya que estará escondido dentro de esas sensaciones, agazapado esperando el momento justo para dejarse notar de menos a más. Pero de forma constante, más y un poco más. Y todavía más. Cada vez más. Igual que la primera vez. Una ola continua de gusto y placer que, aunque empezó tímidamente, no parará de crecer hasta conquistar otra vez cada rincón de tu boca. Orgasmo femenino de la gastronomía que te dejará atontado por unos momentos hasta que reacciones preguntándote qué pasó de nuevo. Entonces verás que los palillos ya forman parte de tus manos, como si fueran tus propias garras. Garras que, sin que puedas hacer nada para evitarlo, estarán sobrevolando el sushi que queda en la mesa, para lanzarse sobre él y hacerte sentir de nuevo el pecado en tu boca. Así una y otra vez hasta que te quedes extasiado y te rindas a la evidencia. Adoras al sushi sin remedio.

viernes, 11 de enero de 2008

Navidades en las Antípodas

Zaaasss! No nos hemos ni enterado y ya han pasado las Navidades. Y con ellas una tercera parte de nuestro viaje. Estando fuera de casa es difícil decir que han sido las mejores de nuestra vida pero seguro que sí las más diferentes. El 24 cenamos en un japonés-fashionetti en Darling Harbour, uno de los puertos de Sydney, aunque tengo que reconocer que no fue una de nuestras mejores noches. Tampoco mejoró con los mojitos de después y menos todavía cuando dos borrachas, disfrazadas con gorritos de Papa Noel, me entraron sin comerlo ni beberlo. Belén se moría de la risa pero yo, nada acostumbrado a estas suertes, no sabía como explicarles que por casa lo que se lleva son los Reyes aunque seamos republicanos. La comida de Navidad la pasamos en un café internet pero valió la pena porque asistimos, en riguroso directo-virtual, a la ceremonia de entrega de regalos de la familia Cañete-Abengochea de Nochebuena. Cosas de la ciencia y de las 12 horas de diferencia horaria. El hombre habrá llegado a la Luna pero las conexiones telefónicas se quedaron a medio camino porque acabamos tecleando nuestros comentarios, pero al menos con el rebote del satélite tuvimos el doble de risas.

Lo mejor, el 31 de Diciembre. Los “sydnies” se apalancan desde el mediodía en los parques y playas alrededor de Harbour Bridge, para poder conseguir un buen sitio para ver los fuegos artificiales. El picnic más grande y más largo del mundo. Más de 1 millón de personas en la calle durante 10 horas, todo para ver unas cuantas luces en el cielo. Fue como estar en medio del desierto de Nuevo México esperando un avistamiento de ovnis rodeados de una panda de freakies, alguno con pinta de haber sido abducido ya un par de veces. Hay que ver las cosas que uno hace cuando está de vacaciones porque en la Plaza Catalunya ni por el doble de petardos habríamos aguantado la mitad de tiempo pero estuvo divertido. Sólo empezar el nuevo año ya cambiamos de país y, para acabar la semana, el día de Reyes nos regalamos un trekking de 7 horas entre cráteres y volcanes todavía humeantes. New Zealand tiene estas cosas. Volvimos con las manos vacías pero con los pies llenos de ampollas ¡y bien contentos que íbamos!

Así que ya veis, os podría engañar pero un poquito de morriña sí que hemos tenido estos días. Hemos intentado disimularlo, casi sin hablarlo entre nosotros, pero hay que tener unas espaldas muy anchas para no echar de menos a la familia en Navidad. Pero, en todo caso, las penas con pan son menos pena, y más si van con Nocilla. Y las nuestras rebosan de pocholate, para qué mentiros. Os decía que ya llevamos una tercera parte del viaje. 115 días en los que hemos dormido en 61 ciudades de todo tipo, pueblos que nunca olvidaremos y pueblos con nombres impronunciables que ya hemos olvidado, en apartamentos de lujo en áticos de rascacielos y en cuartos oscuros con compañía desconocida, al cubierto en parques naturales y al raso en desiertos, en cabañas en la playa y en refugios a 4000 metros de altura, en barcos con ratas y en trenes con desalmados, en aviones de low cost y en autobuses nocturnos y, cuando faltaba todo lo demás, incluso en algún que otro coche en cualquier parking con vistas al mar. En total, 14 países diferentes entre Asia y Oceanía y todavía nos quedan América y Africa. Dentro de nada, doblaremos a Willy Fog en número de días. Y si la cosa sigue igual de entretenida, también lo haremos en aventuras. Nadie nos va dedicar un libro como a él, pero para el próximo año les hemos pedido a los Reyes unas tapas que las páginas ya las pondremos nosotros.


viernes, 23 de noviembre de 2007

Troleros y mochileros



De razas va el asunto. Porque, aunque no queramos, aquí todos nos distinguimos por algo. Para bien y para mal. En este caso, lo que nos divide es el tipo de maleta. Existen dos razas de viajeros. Los mochileros son los famosos backpackers, un estirpe que parece reproducirse más rápido que los insectos y, de hecho, muchas veces van acompañados de ellos. Moscas, cucarachas y otras bestias diminutas. En la mayoría de países, ese es el precio por ahorrarse unos duros en la habitación donde dormir. Los otros son los troleros (de trolley, por si teníais dudas), auténticos comodones con ruedecitas de todos tipos en sus maletas. La mayoría de éstos se juntan en grupos, se ponen gorras o camisetas del mismo color para distinguirse unos de otros y cuál ejército moderno siguen a su líder o guía con bandera, para arrasar todos y cada uno de los monumentos que les ponen por delante.

A nosotros nos confunden con unos y con otros. Y es que, en cierta forma, somos unos mestizos. Nuestras maletas llevan tanto ruedas como asas de mochila. Pero como siempre en la Historia, los mestizos son rechazados aquí y allá. Todavía nos entra la risa recordando nuestra discusión en un Hotel de Hong Kong donde no nos querían dar habitación a pesar de tener libres: “maybe we look like backpackers but we are not!” (“quizás parecemos mochileros pero no lo somos”). La cara del maitre mientras nos miraba de arriba abajo, sucios, con la ropa arrugada y las maletas al hombro, era todo un poema. Pero los otros tampoco se quedan cortos. Cuando sacamos nuestros portátiles en sus cantinas de okupas murmuran en nuestra dirección y cogen sus cervezas con más fuerza como para mostrar su rabia y rechazo. Aunque eso sí, cuando ven que bebemos las nuestras a morro nos sonríen con cara de “perdón, pensé que eras de los otros”.

Reconozco que al final unos y otros nos acogen con los brazos abiertos, pero con la maligna intención de convertirnos en uno de los suyos. “Ven a nuestro youth hostel” o “apúntate a esta excursión”, no paran de decirnos según tengan el pelo largo o corto. Lo hacen con buena fe, sin duda, pero uno acaba hasta el moño, no de ellos sino de sus guías. Las de papel de los primeros, o las de carne y hueso de los segundos. Los backpackers, en el fondo igual de pijos que todo el mundo, no pueden salir de su país sin llevar la Lonelyplanet de turno. Es el instrumento más diabólico que he visto nunca. Por pequeña que sea la ciudad o pueblo, es capaz de listar cientos de sitios para visitar, o decenas de restaurantes y hoteles donde dormir y comer, dejando que seas tú solito quién la cague. Si te equivocas, la culpa tuya. Si la cosa sale bien, la medalla suya. Así yo también hago negocio. Los troleros o gruperos, en cambio, lo dejan todo en manos de sus guías. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Por monumentos de tercera que les fuercen a ver, por lámparas de Aladino o patinetes de Tutankamon que intenten venderles o por restaurantes cutres que tengan que tragarse, los tíos y tías lo aguantan todo estoicamente, sin quejarse y sin dejar de pagar. Con esos, también haría negocio yo.

¿Os imagináis una guía que te llevara sólo a los sitios que realmente valen la pena, y que te recomendase ese Restaurante o ese Hotel que tienen algo especial y que cuestan lo que realmente valen? Una guía que también te montara la ruta más interesante, te dijera los días que debes estar en cada sitio y cuál es la mejor forma y la más barata de llegar pero también de comprar los billetes. Como si fuera un viaje montado por una agencia pero “do it yourself”. En otras palabras, un viaje Ikea. Compras la guía, vas a tu casa, y con tu ordenador y por Internet te montas el viaje en un plis. Aparte de ahorrarte la comisión de la agencia, tienes la seguridad de que es la mejor opción y no la que más les interesa a ellos o la única que está disponible. Y comparado con Lonelyplanet y similares, te ahorras el tener que leerte mil y una páginas en letrita bien pequeña para fastidiarte la vista, pero también el pelearte con tus compañeros de viaje para decidir cada puñetero hotel, restaurante o billete de tren o avión.

¿Cuánto pagaríais por esa guía? ¿Cuánto nos pagaríais por esa guía?

sábado, 27 de octubre de 2007

De los chorizos y otras criaturas simpáticas del Mundo

No llevamos ni un 10% del viaje y ya nos han confundido con de todo. Con irlandeses, con alemanes, con italianos, pero lo que más, de calle, con pardillos. Y, hombre, igual cara de espabilados no tenemos pero, si a nosotros nos han intentado robar la cartera día sí, día también, del derecho y del revés, ¿qué le podrán hacer a la típica pareja de americanos jubilados con pasta hasta las orejas o a los pueblerinos recién casados? Aunque, vete tú a saber. Igual los primeros haciéndose los despistados son los reyes del sinpa y los segundos no se cortan un pelo en darle una patada en medio de los güevos al primer taxista que se cuelgue.

Porque eso es lo que uno tienes ganas de hacer, harto de que le tomen el pelo de todas las formas y de todos los colores. Blancos en Jordania, chocolates en la India y amarillos en China. Está claro que ante dios somos todos iguales. Iguales de chorizos. Tenemos ejemplos para llenar varios blogs. Taxistas que tapan los taxímetros con papel de water como en Shanghai. Agencias de Viajes que se hacen pasar por oficinas de Turismo como en New Delhi. Sitios que pasan la Visa dos veces como en las termas del Mar Muerto. Excursiones donde siempre aparece un peaje que no estaba incluido o incluso te quieren cobrar dos veces, al recoger el ticket y al salir, como en la Gran Muralla o en Xian. Vendedores que rebajan su precio a una décima parte en 5 segundos como la niña de Pingyao que no se creía que no quisiéramos comprar la camiseta a 2 euros después de pedir 30. Chóferes que te llevan a otros hoteles diciéndote que son el mismo, pero con 3 estrellas menos, como en Kathmandu.

¡Pero ayer dijimos basta!!! Y nos bajamos de un taxi al ver que no quería encender el taxímetro para levantarnos un 1 euro por un trayecto que sabíamos que costaba 70 céntimos. En eso nos han convertido entre todos. En unos animales fríos y calculadores, salvajes de la negociación, capaces de regatear precios hasta en un Fast Food con tal de ahorrarnos 50 Wu Jiaos, al cambio, medio euro. Esto sí que es un Master Comercial. Y de los buenos. Nada de teoría, sólo práctica.

lunes, 22 de octubre de 2007

El turista que murió de éxito


O de asfixia, no estoy seguro. Pero lo que sí que tengo claro es que la palmó. O la palmará. Y más rápido de lo que parece. Ahogado entre las hordas de otros turistas que invaden cada rincón que sale en Lonelyplanet o en cualquier otra guía. O sobramos muchos, o faltan sitios para ver. Pero ninguna de las dos cosas tiene ya solución.

El otro día estuvimos en la que fue durante 7 siglos la Residencia del Emperador de China, ahora con la foto de Mao presidiendo la entrada (¡el Rey ha muerto, viva el Dictador!). No engañaremos a nadie, no es ninguna maravilla. Ni por su arquitectura, ni por el poco -si algo- de arte que contiene. Como mucho, atrae su nombre, la Ciudad Prohibida, aunque algunos hagan chistes fáciles con su versión inglesa (ver foto). Y poco más. O eso pensamos nosotros hasta que, hartos de darnos codazos con los miles de chinos que están aprendiendo a ser turistas, nos fuimos a uno de los pabellones laterales. Allí nos sentamos en un banco más largo que un día sin pan y ocurrió el milagro. Igual que las aguas se abrieron ante Moisés, las masas de fotógrafos amateurs desaparecieron delante nuestro y una calma china, digo chicha, invadió el jardín de piedra en el que estábamos. Entonces pudimos admirar la majestuosidad de la Ciudad Prohibida, la serenidad que trasmite, la perpetuidad que irradia. Y así pudimos entender cómo diablos les pusieron nombres como la Colina de la Belleza Acumulada, el Palacio de la Pureza Celestial, el Salón de la Paz Eterna o el Pabellón de la Cultivación Mental, sin que les entrara la risa.

Ese momento valió toda la visita. Pero quizás el año que viene o el otro, ya no habrán más milagros. Tardará más o menos, pero llegará un momento en que el turismo morirá de éxito. Y entonces tendremos que decidir. Si pensamos que es derecho de todos disfrutar de esas maravillas del mundo y las matamos de su propio éxito. O si subimos el precio de sus entradas para que sólo unos cuantos puedan verlas. Me recuerda a la frase “o jugamos todos, o pinchamos la pelota”, sólo que aquí es al revés: “si jugamos todos, nos quedamos sin pelota”. Tendremos que cambiar de deporte, por pelotas. Nosotros, por si acaso, vamos a verlas todas ahora.


Crítica a la Religión Pura

Llevamos casi dos meses de viaje y ya hemos visto templos de todos los colores y de todos los folklores. Y lo digo así porque, tras estar en sitios tan sagrados para los hindúes, budistas o musulmanes como lo puede ser Roma para nosotros, lo que más nos ha impactado no es la vehemencia de los creyentes en el Islam que vemos cada día en los telediarios, ni la paz espiritual que esperábamos encontrar en Lhasa, ni la espiritualidad tan cacareada de la India. No. Lo más impactante ha sido la parafernalia con la que a lo largo de los siglos, en todos los casos, han disfrazado las enseñanzas o mandamientos originales hasta ahogarlos en un oscurantismo que, sin duda, te lleva a ser escéptico con ellos. Y a preguntarte, sobre estas religiones y otras, sobre ellos y nosotros: ¿cuándo nos olvidamos del origen de todo? ¿Cuándo le dimos más importancia a la forma que al fondo? ¿A la imagen que a la palabra? ¿Al ritual que al comportamiento? ¿Al mensajero que al mensaje?

¿Cómo fuimos capaces de desvirtuar tanto lo que nos dejaron personajes tan excepcionales como Budha o Jesús? Porque, no lo olvidemos, fueron otros y no ellos quienes edificaron iglesias y religiones. Fueron otros quienes los convirtieron en divinos, incluso a aquellos que nunca invocaron su carácter celestial. Fueron otros quienes trocaron pequeños gestos significativos en complicados rituales sin sentido. Ellos simplemente nos querían enseñar un camino para mejorar como personas. Y muchos de nosotros, en vez de ver ese camino, nos quedamos atontados mirando el dedo con el que nos lo señalaban. O no pudimos ver más allá porque, entre tanto humo y ofrenda, sotanas y pinturas, templos e imágenes, nos taparon la vista.

Para muestra un botón ¡Ayer estuvimos en un templo de Confucio!!! El más grande de los filósofos chinos, el mismísimo Maquiavelo de Oriente adorado como un dios (sus enseñanzas iban dirigidas a ayudar a los gobernantes a ser más justos y mejores reyes de sus pueblos). En vida, ninguno de ellos quiso aplicar sus métodos. Una vez muerto, le ponen un altar y los Emperadores se pasan 500 años haciéndole sacrificios. Si lo viera, el tío los cateaba a todos. Y digo cateaba porque él fue el creador del sistema de exámenes que la burocracia del Imperio utilizó durante siglos para seleccionar a sus funcionarios. Sistema que Mateo Ricci, jesuita misionero en la China, llevó a Occidente para drama de futuras generaciones estudiantiles.

Pero ejemplos los hay aquí y allá, de unos y de otros. Para mí el mejor es el de Budha. El Iluminado les dejó bien claro que no le siguieran pues toda persona sólo puede ser seguidora de una misma. Y puñetero caso que le hicieron, pues no siguieron sus enseñanzas sino las suyas propias, las que una vez y otra nos llevan a los humanos adorar y a convertir en dios cualquier cosa que se mueva. Así, ahora todos sus templos están a rebosar de figuras de Budhas ante los que no paran de quemar grasa y donar dinero.

Si de verdad Dios existe, esté donde esté, al vernos deberá estar tirándose de los pelos y de las barbas. Igual, incluso, decide de nuevo enviarnos a su hijo o alguien con dos dedos de frente para poner un poco de orden. ¿Os lo imagináis? ¿Qué pasaría si mañana Jesús o Budha volvieran a la Tierra? ¿Dedicarían su vida a levantar iglesias y monasterios, o a construir escuelas y hospitales? ¿Serían sitios fríos y distantes, o abiertos y cómodos para pensar y reflexionar, hablar y escuchar? ¿Olerían a incienso y cera, o a aire fresco y flores? O quizás simplemente decidieran no volver y ver desde lejos como poco a poco nosotros solos salimos de ésta.

domingo, 21 de octubre de 2007

Zampando fuera de casa

Hola Mundo!

Seguro que muchos de vosotros os estaréis preguntando ¿y qué comerán estos todo el año?
Ahí va un pequeño resumen de las cosas que más nos han gustado o asombrado hasta ahora!

Jordania es el paraíso del Shawerma y el Kebab. Cuanto más guarro el sitio más bueno está! Aunque también hemos disfrutado muchísimo del Pollo Asado (no sé si tanto como los jordanos, que se los llevan a pares!).




En la India mucho pinchito moruno. ¡Hay que ver cómo les gusta el picante! Pero también pescadito en salsa y nans, que son masas de pan con diferentes sabores y están buenísimos!!!



En Nepal nos pusimos tibios a Momos, una especie de empanadilla al vapor rellena de carne o verduras. Nos recuerda a nuestras queridas Giozas del Rojo!




Y en Tibet nos pusimos las botas de carne de Yak, la vaca de las alturas. ¡No sabéis lo buena que está en hamburguesa! Que se prepare McDonalds!



En China nos han encantado el pato pekinés (el famoso pato laqueado de los restaurantes chinos españoles) y los arroces, que para una floja de estómago como yo, son una salvación!
Pero lo que de verdad se lleva aquí son los snacks que venden por las calles.
Aquí tenéis algunos de ellos. Adivináis cuáles no nos hemos atrevido a probar por ahora?? (clickad para verlos mejor!)






De Korea (visto en China), nos encantó un concepto de restaurante que consiste en una brasa que se coloca en cada mesa y sobre la que se van cocinando carnes, pescados y verduras.
Aquí tampoco nos atrevimos con la carne de perro, parece ser uno de los platos estrella!

jueves, 18 de octubre de 2007

Un Buda Nazi



Sí, seguro que estáis sorprendidos… Un buda Nazi!!!

Es la misma sensación que tuvimos nosotros cuando llegamos a India, Nepal y Tibet y vimos que todos los templos hindús y por herencia muchos de los templos budistas, están plagados de esvásticas.

Luego nos enteramos de que la esvástica es un antiguo signo que simboliza la benevolencia y la hospitalidad. Parece irónico que más tarde lo tomaran como sello los nazis que, menos benévolos y hospitalarios, fueron de todo.

No hemos podido llegar a saber muy bien cuál es la relación, pero seguro que algo tiene que ver con los arios, pueblo que tanto gustaba al amigo Hitler y que fue el primer gran conquistador de la India hace miles de años.

viernes, 28 de septiembre de 2007

The Sunrise Business

En nada vamos a cumplir nuestro primer mes de viaje y ya llevamos 5 ó 6 despertadas a horas inmundas para ver otros tantos amaneceres o “sunrises”. Y cuando digo horas inmundas, podría decir infernales porque son a las 4 ó 5 de la mañana como poco, lo que para alguien que se ha pillado un año entero de vacaciones parece de pardillo.

Y es aquí el más tonto come pan, y con queso, por eso de que te las den. Porque más de una vez nos las han dado. Ya te digo, a nosotros y a varios autobuses de japoneses, que es lo que más luce por estas lindes del Asia Continental. Sólo te hace falta tener un monte y un coche y ya tienes montado el negociete. A colgar el cartel de “Sunrise Excursión”, y cuanto más pronto pongas la hora, más podrás cobrar y más gente te vas a levantar.

Y es que la globalización nos parece la mar de moderna pero hace lustros que corre por el sector turístico. Porque uno se pregunta, si no tienen ni para una Pepsi-Cola ¿cómo demonios utilizan las mismas técnicas de Marketing en un lado del mundo que en el otro? Porque aquí y allá ya me han llamado de todo pero nunca Mike ni Charly. Siempre soy Carlos, Jordi, Neng, Pepe o la madre que me parió pero en castizo y bien alto. Es como esa tonadilla que utilizan los pedigüeños en el metro de Barcelona. Es la misma que en Madrid, que en París y que en Londres. Y, hombre, viajados lo son, porque no paran de estación en estación, ¿pero por qué milagro habrá pasado esa misma cantinela, imposible de entender por otra parte, de un país a otro?

Pero, ¿qué queréis que os diga? Al menos los hay que lo hacen con gracia, como el niño que esta mañana, después de hacernos reír durante un buen rato y hacernos perder nuestros prejuicios de que sólo se acercan para ver mejor lo que nos quieren sacar, de repente nos pide 100 rupias nepalís (algo así como 10 veces lo que pediría cualquier otro) para comprar un inflador para su pelota. Estoy seguro de que el muy espabilado si yo le hubiera dicho que me encanta el ballet en vez del fútbol, me estaría pidiendo una máquina de coser para remendar su tutú. Pero cuando se giró y vimos que llevaba un pantalón de pijama sucio por ese culete que tenemos todos y que no eran ni las siete de la mañana, se nos cayó el alma al suelo y, si nos lo llega a pedir entonces, le hubiéramos construido un campo entero de fútbol, allí en medio en pleno Himalaya. O donde hiciera falta.