lunes, 12 de mayo de 2008

50 cumpleños (feliz) de la Revolución

Qué mejor colaborador para nuestro blog que el propio Fidel Castro explicando el balance de su Cuba revolucionaria después de 50 años:

“Cuba fue capaz de erradicar en un año el analfabetismo. Llevó la educación gratuita al 100% de los niños. Posee el más alto índice, 99%, de retención escolar de todo el hemisferio. Ocupa el primer lugar mundial en maestros per cápita y menor cantidad de alumnos por clase. El estudio con remuneración económica del Estado se ha convertido, por primera vez en el mundo, en una oportunidad para todos los jóvenes de 17 a 30 años que no estaban estudiando ni tenían empleo. Cualquier ciudadano puede realizar estudios desde preescolar hasta el título de Doctor en Ciencias sin gastar ni un solo centavo.

La mortalidad infantil es la más baja desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Cuba es hoy el país con el más alto índice de médicos per cápita, duplicando el número de los que la siguen por atrás. La seguridad social abarca al 100% de los ciudadanos del país, cuyos servicios reciben de forma totalmente gratuita.

El 85% de la población es propietaria de la vivienda que está libre de todo impuesto. El 15% restante paga un alquiler absolutamente simbólico, que apenas se eleva al 10% del salario.

El uso de drogas alcanza a un número ínfimo de personas y se lucha resueltamente contra él. La lotería y otras formas de juego lucrativo fueron prohibidos desde el inicio para que nadie cifrara su esperanza de progreso en el azar. Nuestra TV, radio y prensa no practican la publicidad comercial. Cualquier promoción está dirigida a cuestiones de salud, educación, cultura, deporte, defensa medio ambiente, lucha contra las drogas u otros problemas de carácter social. Ningún medio masivo rinde culto o exalta los valores de las podridas sociedades de consumo. No existe culto a ninguna personalidad revolucionaria viva, como estatuas, ni fotos oficiales, nombres de calles o instituciones.

Importantes medicamentos desarrollados en Cuba salvan vidas aquí y en otros países. Jamás se investigó ni elaboró arma biológica alguna. Son más de 2000 los heroicos combatientes internacionalistas cubanos que dieron su vida cumpliendo el sagrado deber de apoyar la lucha de liberación por la independencia de otros pueblos hermanos (en Argelia, Congo, Guinea, Cabo Verde, Angola, Namibia, Bolivia, Granada, Nicaragua,…), incluyendo los que pelearon contra el Apartheid en Sudáfrica, lucha que militarmente no apoyó ningún otro país. En ninguno de estos países existe una propiedad cubana. Más de medio millón de cubanos cumplieron misiones internacionalistas como combatientes, maestros, técnicos o médicos. En la actualidad, más de 3000 especialistas en medicina general laboran en los lugares más recónditos de 18 países del Tercer Mundo, sin cobrar ni un solo centavo. Y me paro aquí para no agobiar, pero podría seguir.”


Y tanto que podría hacerlo. Podría hablar de que aquí no hay niños pidiendo, ni gente pasando hambre, ni mendigos, ni nada parecido. O podría contarnos, de forma más sutil, que en Cuba el estrés no existe o que la vanidad no tiene razón de ser, ni tampoco la envidia material, las ganas de ostentar o el ansia de poder. Incluso podría vanagloriarse de que todo esto se ha conseguido, a pesar de lo que diga la propaganda americana, con el apoyo de la mayoría abrumadora de los cubanos que aprobaron su Constitución en un 97%. Y no son votos cualquiera, son votos de gente que ha demostrado tener una consciencia política mucho más desarrollada que la nuestra, con participaciones en todas las elecciones superiores al 80% e involucrándose en la gestión de sus barrios o pueblos con una motivación de la que carecen la mayoría de políticos occidentales.

Y así podríamos continuar todo el día hasta apagar el ordenador, ese portátil con el que un cubano nunca podrá ni soñar. Entonces es cuando salimos a la calle y toda la Revolución se nos cae a los pies. Es verdad que con sus cartillas de racionamiento aquí nadie se morirá de hambre pero tampoco de gusto. Los alimentos disponibles en el mercado pueden contarse con los dedos de una mano y, si no saben cocinar, se aguantan porque en Cuba no hay restaurantes ni nada parecido. Sólo barras cutres o carritos ambulantes donde pedir la carta es un chiste. “Hoy sólo tenemos bocadillo de longaniza y zumo de piña. Lo tomas o lo dejas”. Y eso después de haber hecho una cola de tres pares de narices. Real como que nos pasó a nosotros mismos. En los puestos de pizza sólo tienen la de tomate y si por milagro encuentras de chorizo, no te la recomiendo aunque sólo te cueste 0,2 euros. La calidad de los alimentos es pésima pues todo lo bueno se lo guardan para venderlo en el mercado negro. Ese mercado al que sólo acceden los que tienen contacto con los turistas y sus propinas. El resto, o sea la mayoría, sobrevive con medio dólar al día y los que más con 25 al mes, el sueldo de un médico o policía, sólo 5 menos que el salario del mismísimo Comandante en Jefe.
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Una auténtica miseria en cualquier otro país, más que suficiente en Cuba donde no sabes en qué gastarte el dinero. No puedes cambiarte de casa porque no hay nuevas, ni puedes comprarte una antigua pues su venta está prohibida. Tampoco puedes aspirar a tener un auto, más allá de los que se arrastran desde hace 50 años, porque valen el triple que en Europa con salarios 100 veces menores. Mucho menos cualquier aparato o electrodoméstico que pueda hacerte la vida más fácil porque ni siquiera existen en las tiendas. Y así cualquier cosa que os podáis imaginar. Cierto que los estudios son gratuitos y también que tienes trabajo garantizado pues el Estado contrata a todo el mundo, pero por mucho que curres tampoco ganarás mucho más que tu vecino y, aunque lo hicieras, ya ves que tampoco te serviría de nada.
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A cambio, claro, nadie está explotado en el trabajo. De hecho, muchos de ellos ni siquiera van a currar porque tampoco pasa nada. Sólo pierden el plus de asistencia que equivale a una cerveza al día. Por eso tienen todo el tiempo del mundo para disfrutar de su vida personal. Lástima que no tengan nada que hacer porque, aparte de jugar a béisbol en la calle o hablar con los suyos en casa, cualquier otra distracción no existe. No hay gimnasios, ni cines de verdad, ni boleras, ni bares agradables de un tipo u otro, ni nada que se le parezca. Sólo sitios para los turistas a precio de turistas y se acabó. Y si te mueres de aburrimiento en tu pueblo, lo tienes crudo para irte de allí porque el transporte público sólo existe para los trabajadores. El resto de gente se pudre en las Estaciones de Recogida de Pasajeros, esperando y desesperando a que pase algún coche, camión o tractor del gobierno y los recoja. Algo muy improbable por mucho que todos tengan la obligación de pararse, porque cuando no van llenos a reventar, siempre tienen alguna excusa para saltarse la parada.
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Algunos dirán que tampoco está tan mal una vida así, sin necesidades materiales, y, en parte, hasta les daría la razón pero, cuando lo ves, os aseguro que es como si hubieran metido a un país entero dentro del Show de Truman y ya nada fuera igual. Hasta la más simple de las cosas, ésa que en tu vida diaria das por supuesta, en Cuba es como un milagro. A pesar de ello, buena parte de la humanidad, la que está bien jodida, cambiaría su sitio por estar allí, pero os aseguro que ninguno de nosotros aguantaría ni una semana. Querer que todo el mundo tenga un bienestar similar no es exclusivo de los comunistas pero crear riqueza suficiente para que todos seamos iguales, pero igual de ricos y no de pobres, eso sí que parece ser patrimonio del capitalismo. Ahora sólo hace falta buscar la forma de repartirlo mejor. Que no es moco de pavo pero tampoco barba de revolucionario.
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