jueves, 6 de marzo de 2008

Sushi o el pecado en tu boca

Nuestro último día en Argentina coincidió también con el último de Marc y Anna, nuestros anfitriones en el país de la Pampa de los que abusamos tanto que hasta nos da vergüenza volverles a dar las gracias. Nosotros nos fuimos para Perú, ellos se iban para Nueva York. Nosotros apenas estaremos dos semanas, ellos se van como mínimo para dos años, los mismos que han estado en Buenos Aires. Para la despedida, escogieron su restaurante favorito de Palermo, el Osaka. Casualmente un peruano-japonés donde probamos delicias como el maki de doble salmón. Y es que ya dicen los expertos que la cocina peruana es la mejor de toda Sudamérica. Si a esto le sumas la japonesa, la mejor de todo el mundo, la combinación es como para no olvidarlo.

Y no lo decimos nosotros, lo dice la Guía Michelin. Justo cuando estábamos en Tokio el pasado Noviembre, publicaron su primera guía de esa ciudad y fue un auténtico bombazo. ¡A sus restaurantes en conjunto les habían dado más estrellas que a cualquier otro centro gastronómico del planeta, París incluido!!! Si nunca has probado el sushi te resultará imposible de creer. Pescado crudo. Desagradable. Asqueroso incluso. Y tienes razón. No es nada fácil sentirse atraído por él. Pero debes probarlo. El primer día que lo tomes no te gustará pero te aseguro que notarás algo especial que, en cierta forma, te atraerá aunque no seas capaz de decir qué es. Entonces será demasiado tarde para volver atrás porque, sin que lo sepas, tu adicción al sushi ya habrá empezado. En pocas semanas o incluso días, volverás a entrar en un japonés. Creerás que es casualidad o el destino, una cena de trabajo o unos amigos que hace tiempo que no ves, pero en realidad será la señal de que estás cayendo en sus redes.

Y eso que seguirá sin agradarte realmente pero, como si de picante se tratara, de forma incomprensible, seguirás comiéndolo una y otra vez hasta que llegue ese día en que, de repente y sin avisar, todo el placer del sushi explotará dentro de tu boca. Cuando te pase, levantarás la mirada sorprendido y verás que tus compañeros de mesa están sintiendo lo mismo. Lo notarás por sus caras y en sus ojos, en su forma lenta de comer para alargar al máximo ese momento en que el sushi llega a su clímax. Sabores y texturas muy diferentes entre ellos pero combinados con tal armonía que, al invadir tu paladar, se irán fusionando unos con otros, multiplicando su fuerza y aroma, provocando que cada momento sea mejor todavía que el anterior.

Extrañado por lo que acabas de sentir, mirarás delante tuyo y sólo encontrarás esas pequeñas piezas de arroz en medio de la mesa, con pescado crudo en su interior o encima suyo. Vistas así te parecerá increíble que haya sido una de ellas la que te ha producido tal placer. Por eso, querrás probarlo de nuevo para ver si ha sido un sueño o un error. Con calma pero agarrando con fuerza los palillos, cogerás otra pieza de sushi. La mojarás en la salsa de soja, suavemente, como para no despertar todavía esa locura de sensaciones que parece encerrar dentro suyo y la acercarás a tu boca. Con los ojos medio cerrados, te prepararás para morderla, esperando de nuevo el frenesí que sentiste antes. Pero, claro, olvidaste que todo eso sucedió al final porque, al principio, más que un mordisco te parecerá un beso.

Fino, suave, seductor. Con esa textura del pescado, fría pero no helada, delicada pero agradable, como si fuera un labio carnoso. Tardarás en apreciar su sabor ya que estará escondido dentro de esas sensaciones, agazapado esperando el momento justo para dejarse notar de menos a más. Pero de forma constante, más y un poco más. Y todavía más. Cada vez más. Igual que la primera vez. Una ola continua de gusto y placer que, aunque empezó tímidamente, no parará de crecer hasta conquistar otra vez cada rincón de tu boca. Orgasmo femenino de la gastronomía que te dejará atontado por unos momentos hasta que reacciones preguntándote qué pasó de nuevo. Entonces verás que los palillos ya forman parte de tus manos, como si fueran tus propias garras. Garras que, sin que puedas hacer nada para evitarlo, estarán sobrevolando el sushi que queda en la mesa, para lanzarse sobre él y hacerte sentir de nuevo el pecado en tu boca. Así una y otra vez hasta que te quedes extasiado y te rindas a la evidencia. Adoras al sushi sin remedio.

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