viernes, 7 de marzo de 2008

AmazO2nas

Pocos saben que el Amazonas discurre más kms por Perú que por el propio Brasil. O al menos, sus afluentes que nacen en los Andes y lo acaban conformando ya en tierras cariocas. De Lima volamos a Iquitos, una isla rodeada de aguas dulces y desde allí, remontamos uno de sus afluentes durante casi 4 horas para llegar a la Reserva Nacional del Tahuayo. Cuatro cabañas construidas sobre postes, unidas entre sí por puentes colgantes. Sin luz eléctrica ni agua caliente. Estas son todas las comodidades de nuestro nuevo hogar, al margen de la Sala de las Hamacas y las comidas que prepara la cocinera indígena Bichina. Para dormir deberemos esperar a volver a la civilización porque el concierto nocturno que se monta entre animales, pájaros e insectos es para grabarlo y venderlo.


Curioso lugar donde hemos compartido mesa por un lado con una familia de teleserie, los Murphy de Florida, cazadores fotográficos de pájaros y, por el otro, con el Dr. Jackson y sus estudiantes de medicina que vienen por aquí una vez al año para ayudar a las comunidades que viven a la vera del río. Presidiendo las comidas, Dolly o mejor Dolores, nombre con el que la conoció su marido Paul hace 30 años y con la que decidió montar este lodge o albergue en medio de la nada. O del todo, porque por aquí hemos visto monos, loros, pájaros carpintero, martín pescadores, perezosos, aves prehistóricas, delfines rosas de río, gavilanes, tarántulas y pieles de anacondas, por suerte, vacías de sus enormes habitantes.

Como veréis, a los indios del lugar no les falta caza ni pesca aunque muchos en realidad viven del carbón, una minucia de negocio al lado del petróleo. Son múltiples las concesiones que el gobierno de Alan García ha dado y sigue dando para explotar estos parajes. Con una caminata por la selva es suficiente para darse cuenta que por aquí pueden encontrarse las últimas grandes reservas del petróleo mundial. Millones de hectáreas de vegetación frondosa y húmeda, pudriéndose unas encima de otras, creando el humus que a la larga se convertirá en el oro negro. Y esto puede ser un juego de niños el día que empiece la guerra por el agua. El Amazonas genera el 22% de todo el agua dulce del planeta, así que os podéis imaginar. Por mucho que los gringos tengan el 15% corriendo por el Missipipi, me juego mi pote de Relec –que por aquí va más caro que todo eso- a que no tendrán suficiente y vendrán a estas tierras a por más.

Por eso y por otras cosas, seguro que el Amazonas será elegido como una de las 7 Maravillas Naturales del mundo (http://www.new7wonders.com/) y es que nadie duda que es uno de los mayores tesoros que tenemos hoy y, sobretodo, que tendremos mañana. Como ya lo fue en el pasado, en el siglo XIX, cuando vio nacer fortunas gigantescas gracias a sus árboles de caucho, imprescindibles entre otras cosas para la fabricación de neumáticos y que curiosamente sólo crecían por aquí. Los caucheros, la mayoría de ellos esclavos, corrían de árbol en árbol, haciendo en su corteza muescas en forma de V, por donde se deslizaba la resina hasta caer en el pote que después recogían. Negocio millonario que apenas duró 50 años hasta que un británico, no sólo logró burlar los controles fronterizos para exportar dentro de un cocodrilo disecado miles de sus semillas, sino que fue capaz de hacerlas germinar en la India y encima con una mínima distancia entre árbol, multiplicando la productividad de los amazónicos.

Ojala las otras joyas del Amazonas fueran tan fáciles de reproducir en otras tierras. El petróleo o el agua. O incluso el oxígeno, porque seguro que llegará el día en que nos tendremos que pelear por él y algún espabilado lo venderá enlatado. Y ahora sí que me juego la mosquitera y mi gorra antimosquitos a que el AmazO2nas será el líder del mercado. Y por paliza. De momento y como si fuera un sampling gratuito de esos que montan los de marketing, nosotros no paramos de llenarnos los pulmones. Y que nos quiten lo respirao…
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