martes, 25 de marzo de 2008

Los angelitos de Isaac, el tequila de Diego y el pasamontañas del Subcomandante Marcos

“¡Abuela, nos comimos tu dinero!”. Su dinero y 100 empanadillas por lo menos. Son los angelitos de Isaac. 30 años, perforador de pozos de petróleo, desplazado por Pemex a Chiapas.”Siempre viajo con mi bombón y mis angelitos”. En cristiano, su esposa y el resto de la familia. Entre todos es fácil que lleguen a la tonelada. Si las guerrillas quisieran detenernos, lo tendrían bien fácil porque la furgoneta en la que vamos no pasa de los 50 km/hora ni en bajada.

Estamos cruzando la selva de Chiapas, donde hasta hace nada, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional era el único que se atrevía a entrar. Ahora parece que las pláticas secretas llegaron a buen puerto y el Subcomandante Marcos se pasea con su pasamontañas por el Zócalo. Y lo hace a lo grande, con una multitud devota detrás suyo, detrás del héroe de rostro desconocido. Héroe para los indígenas porque, cuando preguntamos a Isaac sobre él, no sale nada bueno por su boca, aunque tampoco muestra mucho interés. De hecho, al rato ya nos cuenta cómo será el baile por los 15 años de su hermana. Como marca la tradición, vestido rosa, de unos 1000 dólares. Poca cosa si pensamos que la niña ya se pasea del brazo de un guapetón con 3.500 hectáreas bajo sus botas camperas.


Como comprenderéis, a pesar de que son un encanto, la historia de los indígenas y del EZLN les importa un pimiento. Como a Diego, nuestro anfitrión en Mérida. Blanco de piel y productor de televisión en DF. Según él, Marcos fue un submarino del gobierno para alejar la atención pública sobre la situación de la economía. Antes de acabar la frase, ya nos está hablando de las diferentes marcas de tequila y, acto seguido, se mete una botella entera, él solito, entre pecho y espalda. Este es el principal problema de México. Demasiados mundos y todos diferentes compartiendo país dentro de las mismas fronteras. Eso sin contar los que cada noche intentan cruzarlas para pasar al “otro lado”. Por eso, cuando hablan del EZLN se pierden y sueltan cualquier cosa. Que si son comunistas, marxistas, narcotraficantes, guerrilla cristiana, zumbados inconscientes, machistas y no sé cuantas cosas más. Por eso, cuando intentas saber algo más de ellos y preguntas aquí y allá, aunque todos quieren desprestigiarlos, nadie se atreve a acusarlos. Y si alguno se lanza a argumentar en su contra, acaba balbuceando sin saber ni siquiera formular dos frases seguidas con sentido.

En cambio, sólo necesitas escuchar cinco minutos al Subcomandante Marcos para darte cuenta que, a veces, hasta el más cuerdo de los humanos puede llegar a su límite y necesita pegar un tiro al aire para que dejen de joderlo una y otra vez. Para que la mayoría no abuse de las minorías. Para que la democracia no se convierta en una trampa en la que los que son más ejercen de dictadores de los que son menos. Ya os podéis imaginar de qué va todo, porque la historia no tiene nada de nueva. Campesinos indígenas dejados de la mano del Estado durante más de cinco siglos, despojados una y otra vez de sus tierras, ahora para buscar petróleo, ahora para hacer una presa, por el gobierno o por caciques, sin compensación que valga pues pocos de ellos disponen de títulos de propiedad. Algo lógico entre gente que a menudo no sabe ni escribir.

Durante años intentaron organizarse democráticamente para obtener “el derecho a tener derechos” pero hartos de llamar a una puerta que no llevaba a ningún sitio y cansados de recibir torturas y disparos como única respuesta, se rindieron a la única salida que encontraron: subirse al monte. Allí se armaron para defender a su gente de los paramilitares que constantemente les asediaban para echarlos de sus casas, pero el Estado les tildó de narcoguerrilla, por lo que tuvieron que urdir una nueva táctica. Algo que un traficante nunca haría: bajar a los pueblos, subir al balcón del municipio y decir bien alto y claro lo que querían. Una democracia de verdad para México.

Aquí, no sólo la democracia es un camelo porque no hay elecciones que no estén amañadas, sino además las minorías están siempre desprotegidas. Eso es simplemente lo que ellos reclaman. Un mecanismo para que los que gobiernen no abusen de su poder. Por eso, han acuñado un nuevo concepto: el pueblo manda y el gobierno obedece. Su siguiente paso ha sido crear la “Otra Campaña”. Una campaña para movilizar una fuerza política que no sea un partido. Una mayoría de minorías. “Una fuerza política que pueda organizar las demandas y propuestas de los ciudadanos para que el que mande, mande obedeciendo”. Esta es la razón por la que no quieren saber nada de líderes y por la que el propio Subcomandante aparece siempre con un pasamontañas, porque alguien con el rostro oculto venderá camisetas pero nunca podrá tener el poder. “La Otra” no será la solución al problema de las minorías pero al menos es un intento, una forma alternativa de salirse del círculo desesperante. El círculo sin fin de “me roban, protesto, no me escuchan, son mayoría, soy democrático, me aguanto, me siguen robando”.

El guía turístico de San Juan Chamula nos lo resume despectivamente con una frase, casi escupiéndola: “son una minoría”. Claro cachondo, lo son ahora porque hace 500 años vivían la mar de tranquilos y en mayoría. Aunque algunos, como si fueran niños discutiendo en el patio del colegio, dirán eso de que “no vale” porque “ya hace mucho tiempo de todo ello”. ¿Se habrán fijado éstos que, por mucho tiempo que pase, el color de la piel de los indígenas sigue siendo igual de oscuro?
Publicar un comentario