lunes, 24 de marzo de 2008

¿Jugaban los Mayas a las quinielas?

Llevamos un poco más de una semana en México y entre tanta ruina y tortilla de maíz se nos está quedando cara de Azteca. No diré que no es un país interesante, pero eso sí, se repite que da gusto. Mesoamérica está repleto de pirámides de todas las alturas y de todas las culturas, tantas que les sobran para dar y vender. Zapotecas, Mixtecas, Toltecas y así una larga lista, aunque no dejan de ser los mismos indios con diferentes plumas. Si los libros de texto los mantienen separados es porque ninguno de ellos fue capaz de dominar a los demás durante un buen periodo de tiempo. Tan sólo los Mayas en el Yucatán y los Aztecas en el Valle de México, impusieron un poco su poder pero tampoco tuvieron grandes emperadores que unificaran grandes territorios.


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A pesar de ello, los guías de por aquí, no dejan de alabar estas civilizaciones y, a la que pueden, las comparan con los Incas, dejando bien claro que los antepasados de los mexicanos sabían leer y escribir, mientras que los de los peruanos no pasaban de mover grandes piedras. Uno se calla porque tampoco tiene ganas de quitarles la ilusión pero la verdad es que sus construcciones son relativamente sencillas de estructura y con una estética interesante pero tampoco deslumbrante. Hasta Chichen Itzá, la obra más emblemática de los Mayas, no deja de ser una construcción bonita, sí, pero que si pensamos que es, siglo arriba, siglo abajo, coetánea de los palacios del Rajastán o de los castillos de media Europa, entonces ya no parece tan destacable.
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Pero en lo de la escritura sí que les doy la razón. Con un diseño cachondo tiene cierto aire de jeroglífico egipcio reconvertido a cómic. La pena es que los bestias de los curas o curanderos que fueron a salvarles el alma cuando el descubrimiento, se empeñaron también en censurar sus lecturas con un método bastante infalible:

Fray Diego de Landa, Yucatán, algún momento del siglo XVI: “Hallámosles gran número de libros de estas su letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron a maravilla y les dio mucha pena”. No hace falta que os diga que el pirómano con sotana no tenía ni idea de leer sus glifos y que eso de “falsedades del demonio” se lo sacó de debajo del crucifijo.

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Así y todo, algunos textos sobrevivieron. Los justos para saber que, como agricultores que eran, tenían conocimiento de los movimientos de los astros así como de los equinoccios y solsticios. En base a ellos, alinearon sus templos y palacios, jugando con las sombras y luces para provocar efectos deslumbrantes en días señalados. Elaboraron también un calendario complicadísimo en el que combinaban el año solar, con el mes lunar y con dos números sagrados, el 20 (los dedos de manos y pies para contar) y el 13 (meses lunares del año solar). Con todas estas cifras, realizaban predicciones y profecías. La más famosa de todas ellas, la que pronosticó la llegada de los españoles y, con ellos, el fin de su propio reino pues, según sus cálculos, cada 520 años se acababa un ciclo y empezaba una nueva época. El próximo gran cambio, dicen, será en el 2.012. Uno de sus textos proféticos para entonces: “los dueños de los ramilletes negros de la tierra ya no gobernarán más”. Algunos aseguran que se refiere al fin del dominio del petróleo y a la aparición de una fuente alternativa de energía...

Demasiado esotérico para mí. Lo que sí me gustaría saber era si los Mayas también tenían quinielas y si iban amañadas con tanto profeta. Porque al fútbol sí que jugaban o a algo bien parecido. De largo, lo más impresionante de sus ruinas. Canchas de pelota donde competían dos equipos de hasta 7 jugadores, golpeando el balón con el pié, rodilla o cadera, hasta hacerlo pasar por el aro contrario situado a gran altura. Los grabados muestran como, una vez finalizado el partido, el capitán de uno de los dos bandos sostenía la cabeza recién cortada de su adversario. Un poco bestia, lo reconozco, pero de admirar. Los griegos inventaron la competición individual con las Olimpiadas pero los primeros en jugar a deportes de equipo fueron ellos. En todas y cada una de sus ruinas, sean de una zona o de otra, de antes de Cristo o del siglo XIV, siempre se encuentran campos de juego exactamente iguales. Si vemos lo que hoy en día significa el deporte para nuestra sociedad, entonces sí que pongo a Mayas, Aztecas y a todos sus colegas en nuestro álbum de Grandes de la Historia. Y con la camiseta del Barça que aquí, como en el resto del mundo, es la que más se lleva. Y de paliza, que no se diga.

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