jueves, 14 de febrero de 2008

Y así les luce la plata

Río de la Plata, River Plate para los futboleros. En la otra orilla, Uruguay. Acá Argentina o la tierra de la plata. Así los llamaron porque de sus tierras y por sus aguas, salió buena parte del dinero con la que la Corona de España se pagó y amortizó los cuatro escudos que costó la aventura del visionario de Colón. Plata que buena falta les haría ahora, nos recuerdan siempre que pueden.

Si Santiago era como el Madrid de ayer, Buenos Aires es como el de hoy pero sin ese cuidado de las ciudades europeas. Con amplias avenidas pero sin grandes monumentos. Con lindas casitas pero sin edificios radiantes. Así son los argentinos, hablan más que hacen, y así es su capital. Calles abolladas y metros abarrotados. Buses destartalados y aceras abandonadas. Todo lo contrario que su lengua. La cuidan tanto que parece otra. Ya conocíamos su acento particular pero nos sorprendió un vocabulario tan diferente al nuestro. No tengo ninguna teoría para ello pero me la puedo inventar. Son unos poetas. Y, como tales, se adornan. Llevan años componiendo más que hablando, prosa lírica en la que han abusado tanto de sinónimos que al final han renovado todo el diccionario. El toque final lo pone esa cantinela que parecen haber heredado de su otra madre patria, la italiana.
.
.
Y así han salido ellos. Medio españoles, medio italianos. Embaucadores con gracia, doctores con salero. Aquí, el que menos es graduado en Ciencias Puras. Pero se agradece, porque entrar en una librería y encontrarse con un varón argentino que, aparte de estar en tercero de Euskera, conozca la historia de Sancho el Grande mejor que nosotros, tiene su qué. Aunque en eso como en tantas otras cosas, en la virtud aparece el vicio. Siempre están más pendientes de aprender que de hacer. De hablar que de andar.

Y así les va en la economía. Durante años se regalaron un status de primera potencia que nunca tuvieron y, cuando les pusieron su moneda donde tocaba, ni supieron ni pudieron entenderlo. Todavía hoy siguen obsesionados por comparar sus pesos con el dólar, como si la paridad fuera un derecho que les han robado y que algún día, ilusos, podrán recuperar. Y, hombre, robar les robaron pero fueron sus propios políticos, vendiendo el país y sus empresas por cuatro pesos. Pero eso ya no tiene arreglo. Y menos si siguen actuando como si fueran uno de los nuestros, más de aquí que de allá. Varias veces nos han redondeado la vuelta a nuestro favor, en el subte y en el colectivo, como si no les fuera de eso. Y digo yo que les irá, y más de lo que parece.

Eso sí, salgas el día que salgas, a la hora que sea, los restaurantes todos llenos. Y no de turistas, que también. Argentina hasta la bandera, que les encanta y la plantan donde sea. Ellos no sé cómo lo pagan. Nosotros, después de Australia y Nueva Zelanda, con la calderilla. Sándwich de Mila por 4 pesos. Y si tienes hambre, el bifé de chorizo por 4 pibes (billete de 10 en honor a Dieguito). Buena la carne, aunque tengo que decirlo, la probamos de mejor en Chile. Y mira que recorrimos el país de arriba abajo. En el Norte, estuvimos en Salta y Jujuy donde tomamos milanesa de lama. Deliciosa, aunque mejor todavía su paisaje de grandes salinas y cactus gigantescos. En la Patagonia comimos uno de sus corderos, aquéllos que asan durante horas para que pierdan toda la grasa y, hombre, estaba bueno, pero no como para ir hasta el fin del mundo. Eso sí, sólo por sus glaciares ya vale la pena el viaje, aunque alguno, como el Perito Moreno, tenga nombre de guasa. Pasear en barca por sus lagos con icebergs o escuchar en silencio el estruendo del hielo romperse y hundirse en el agua, de lo mejorcito del todo el viaje. En el Oeste, cruzamos sus majestades los Andes para ir de Bariloche a Puerto Varas, en la parte chilena y ver el volcán Osorno. Una paliza de la que no nos arrepentimos aunque lo mejor estaba al principio: Villa Angostura, que de angosta nada y de pija toda.

Al final volvimos a Buenos Aires, que se nos quedó un poco allí, entre medio o entre aires. Bonito San Telmo, divertido Boca. Pero como siempre, más historieta que historia. Y es que así son los argentinos.
.




Publicar un comentario