domingo, 13 de enero de 2008

Caníbales contra Pirómanos

Imaginaros por un momento que sois ingleses del siglo XIX a los que la Revolución Industrial les ha dejado con lo puesto. Sólo tenéis una posibilidad de salir adelante, haceros colonos. Pero tenéis que escoger a dónde ir. América en plena guerra de secesión no es una opción y en la India o Sudáfrica ya está vendido todo el pescado. Así que, si queréis un buen pedazo de tierra para vosotros solos, en Oceanía nos vemos. Os metéis, entre pecho y espalda, varios meses de barco y si el escorbuto, los piratas o las tormentas no se os han llevado por delante, todavía os queda un último paso. Australia o Nueva Zelanda. A priori, preferís la segunda porque os han contado que el clima es más benigno y se parece más al de vuestro país de origen. Pero, por si acaso, preguntáis para saber un poco más sobre quiénes serán vuestros vecinos y esas cosas.

La respuesta es fácil. Podéis escoger entre vivir con los aborígenes o hacerlo con los maorís. A vosotros, todos os suenan igual y suponéis que incluso serán parientes, pero el borracho de la taberna de turno sigue dándole al paladar y a la lengua. Os masculla así que los primeros son unos bárbaros, con cara de prehistóricos y obsesionados por quemar todo lo que ven. Vaya, unos pirómanos en un país sin bomberos. No pinta muy bien la cosa pero más fea se pone cuando os cuentan sobre los otros. Caníbales. Unos auténticos animales que, cuando el Capitán Cook los vio por primera vez y les echó un par de andanadas de cañonazos, en vez de huir espantados como hubiera hecho todo hijo de cristiano, los tíos dieron la vuelta a su canoa de juguete y pusieron rumbo al Endeavour, la goleta del famoso descubridor, para vérselas cuatro contra doscientos. Ese día salieron malparados pero, a la que pudieron, se zamparon a unos cuantos de los nuestros porque la carne humana les va y más si es blanquita. Ahí lo tenéis claro. Os quedáis en Australia y que les den a los “kiwis”.

Esto es literalmente lo que pasó en el 1800. Los aborígenes son descendientes de tribus pacíficas del sur de la india que emigraron a Australia a través de Indonesia hace 50.000 años. Los vínculos se establecen por alguna similitud en la lengua y, sobretodo, por ser las únicas tribus de todo el mundo que comparten el uso del boomerang. El fuego ha sido durante miles de años su principal herramienta para sobrevivir. Con él renuevan las plantas de las que se alimentan al mismo tiempo que acumulan la caza en territorios menores y, por tanto, más asequibles.

Los maorís, en cambio, llegaron en canoas a New Zealand desde la Polinesia hace tan sólo 700 años, siguiendo el vuelo de los pájaros que cada año veían emigrar. Eran mucho más avanzados que sus compañeros de penas al otro lado del Mar de Tasmania y, sobretodo, mucho más bestias. Y bien que les fue, porque gracias a ello no fueron objetivo de los insaciables colonos como vosotros durante un montón de años. Con sus salvajadas, su colección de cabezas disecadas y con su danzas guerreras sacando la lengua, acojonaron al personal. Cría fama y échate a dormir. Y eso hicieron. De hecho, ya tuvieron suerte desde su descubrimiento porque en realidad, casi 100 años antes que el Capitán Cook, unos holandeses pasaron por aquí pero ni siquiera desembarcaron. El Gobernador tulipán decidió que, como no tenía recursos para tanta conquista, mejor dejar en secreto tales islas hasta mejor ocasión. Estuvieron el tiempo justo para ponerle el nombre de New Zealand y volverse. Y no es el único sitio que primero bautizaron para después perderlo. Algo parecido les pasó en América con Nueva Ámsterdam. Decían que en ella no se podía construir nada porque era pantanosa y la vendieron por cuatro libras. Manhattan era el nombre de la tribu india que vivía en esos pantanos. Los ingleses que la compraron todavía deben estar revolcándose de la risa.

Igual que los que firmaron el tratado de Waitangi, acuerdo por el cual los maorís se reconocían súbditos de la monarquía británica y ella, a cambio, les reconocía el derecho de propiedad sobre sus tierras. En teoría, el acuerdo perfecto. Unos conquistaban sin pegar un tiro y los otros lo conservaban todo. Con el tiempo, al ser propietarios legales de la tierra, la podían vender y eso es lo que hicieron. Voluntaria o forzadamente, vete tú a saber, pero pocos son los que mantuvieron sus terrenos. Pero la pinta de bestias y de cachondos no la han perdido. Todos negros, All Blacks, siguen sacando la lengua y siguen danzando para asustar a los de enfrente, aunque sean otros jugadores de rugby. Lo que no sé es si es casa siguen guardando las cabezas de sus enemigos…

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