viernes, 23 de noviembre de 2007

Troleros y mochileros



De razas va el asunto. Porque, aunque no queramos, aquí todos nos distinguimos por algo. Para bien y para mal. En este caso, lo que nos divide es el tipo de maleta. Existen dos razas de viajeros. Los mochileros son los famosos backpackers, un estirpe que parece reproducirse más rápido que los insectos y, de hecho, muchas veces van acompañados de ellos. Moscas, cucarachas y otras bestias diminutas. En la mayoría de países, ese es el precio por ahorrarse unos duros en la habitación donde dormir. Los otros son los troleros (de trolley, por si teníais dudas), auténticos comodones con ruedecitas de todos tipos en sus maletas. La mayoría de éstos se juntan en grupos, se ponen gorras o camisetas del mismo color para distinguirse unos de otros y cuál ejército moderno siguen a su líder o guía con bandera, para arrasar todos y cada uno de los monumentos que les ponen por delante.

A nosotros nos confunden con unos y con otros. Y es que, en cierta forma, somos unos mestizos. Nuestras maletas llevan tanto ruedas como asas de mochila. Pero como siempre en la Historia, los mestizos son rechazados aquí y allá. Todavía nos entra la risa recordando nuestra discusión en un Hotel de Hong Kong donde no nos querían dar habitación a pesar de tener libres: “maybe we look like backpackers but we are not!” (“quizás parecemos mochileros pero no lo somos”). La cara del maitre mientras nos miraba de arriba abajo, sucios, con la ropa arrugada y las maletas al hombro, era todo un poema. Pero los otros tampoco se quedan cortos. Cuando sacamos nuestros portátiles en sus cantinas de okupas murmuran en nuestra dirección y cogen sus cervezas con más fuerza como para mostrar su rabia y rechazo. Aunque eso sí, cuando ven que bebemos las nuestras a morro nos sonríen con cara de “perdón, pensé que eras de los otros”.

Reconozco que al final unos y otros nos acogen con los brazos abiertos, pero con la maligna intención de convertirnos en uno de los suyos. “Ven a nuestro youth hostel” o “apúntate a esta excursión”, no paran de decirnos según tengan el pelo largo o corto. Lo hacen con buena fe, sin duda, pero uno acaba hasta el moño, no de ellos sino de sus guías. Las de papel de los primeros, o las de carne y hueso de los segundos. Los backpackers, en el fondo igual de pijos que todo el mundo, no pueden salir de su país sin llevar la Lonelyplanet de turno. Es el instrumento más diabólico que he visto nunca. Por pequeña que sea la ciudad o pueblo, es capaz de listar cientos de sitios para visitar, o decenas de restaurantes y hoteles donde dormir y comer, dejando que seas tú solito quién la cague. Si te equivocas, la culpa tuya. Si la cosa sale bien, la medalla suya. Así yo también hago negocio. Los troleros o gruperos, en cambio, lo dejan todo en manos de sus guías. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Por monumentos de tercera que les fuercen a ver, por lámparas de Aladino o patinetes de Tutankamon que intenten venderles o por restaurantes cutres que tengan que tragarse, los tíos y tías lo aguantan todo estoicamente, sin quejarse y sin dejar de pagar. Con esos, también haría negocio yo.

¿Os imagináis una guía que te llevara sólo a los sitios que realmente valen la pena, y que te recomendase ese Restaurante o ese Hotel que tienen algo especial y que cuestan lo que realmente valen? Una guía que también te montara la ruta más interesante, te dijera los días que debes estar en cada sitio y cuál es la mejor forma y la más barata de llegar pero también de comprar los billetes. Como si fuera un viaje montado por una agencia pero “do it yourself”. En otras palabras, un viaje Ikea. Compras la guía, vas a tu casa, y con tu ordenador y por Internet te montas el viaje en un plis. Aparte de ahorrarte la comisión de la agencia, tienes la seguridad de que es la mejor opción y no la que más les interesa a ellos o la única que está disponible. Y comparado con Lonelyplanet y similares, te ahorras el tener que leerte mil y una páginas en letrita bien pequeña para fastidiarte la vista, pero también el pelearte con tus compañeros de viaje para decidir cada puñetero hotel, restaurante o billete de tren o avión.

¿Cuánto pagaríais por esa guía? ¿Cuánto nos pagaríais por esa guía?

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