viernes, 14 de septiembre de 2007

Durmiendo con Sadam

Hola mundo!

Ayer nos fuimos desde Aqaba al desierto de Wadi Rum que separa Jordania de Arabia Saudí. Aquí es donde Lawrence de Arabia se corrió unas juergas a costa de los otomanos. Lo conocen también como el Valle Lunar, aunque por el color rojo recuerda más a Marte (no tengo ni idea de cómo nos puede recordar a un sitio donde nunca hemos estado pero esto es lo que hay…) Pero eso fue al llegar. Después de pasar una noche allí, siempre lo recordaremos por el sitio donde dormimos con Sadam o, al menos, con uno de sus dobles...

Si la Vuelta al Mundo se trataba de coleccionar experiencias, ésta se llevará la palma de largo. Nos fuimos a un supuesto campamento beduino para pasar una romántica noche bajo las estrellas con nuestra jaima de lujo al ladito. Al final, resultó ser una tela mal puesta, rodeando cuatro colchones piojosos, al lado de la vía del tren más ruidosa que os podáis imaginar. Cuando con mis dotes de negociación empecé a reclamar, sólo conseguí que todos los beduinos semi-impostores se fueran largando con excusas variopintas hasta que sólo quedamos nosotros y un moro en chándal Adidas imitación.

Extrañados de por qué era el único que aguantaba mi chorreo, dimos con la respuesta sin preguntar. El mismo nos lo contó a la luz del fuego:


“I understand you. You honey-moon don’t want problems. Sorry. Now I put off the fire and the mobile (aquí todos los bereberes y semejantes llevan unos Nokias que ríete del que tienes en el bolsillo). Was my wife. She in Irak. I run away from Irak because they want kill me. I worked for Sadam. She and my children also cannot come here because of me. I sleep here everyday. Good night”

Y lo jodido es que dormimos de maravilla, quizás al lado del assistant del Carnicero de Bagdad, pero creo que le asusté más yo con mis ronquidos que él con su bigote old-fashioned tipo Sadam.

(y mejor no os contamos el gato que durmió dentro de nuestros sacos o el perro comiendo de nuestros plato, ni el chofer beduino de 80 años con su jeep de la 2ª Guerra Mundial, ni los 200 km con una rueda pinchada para acabar reventándolo en medio de la nada, ni la llave para cambiar la rueda que resultó ser de otra medida, ni que dentro de la mala suerte somos tan afortunados que de repente apareció por las dunas otro coche, aunque tardamos lo nuestro en arreglarlo todo porque las fuerzas iban justas al ser Ramadan, etc, etc. Vaya, que fue genial!!!)




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