miércoles, 30 de julio de 2008

Tanzania de los tanzanos



Hay dos formas de hacer un safari por Tanzania. Con dinero o con mucho dinero. La diferencia es que, en el primer caso, duermes en tienda de campaña y, en el segundo, te paseas por los Lodges con todo el gusto y las ganas. Ganas de que siempre fuera así, porque algunos son de auténtico lujo asiático. Al menos, eso cuentan porque lo que es verlos, no los hemos visto ni de lejos. Nosotros nos hemos alquilado un par de sacos de dormir y al suelo, que ya son once meses de viaje y unas cuantas Visas quemadas.

Así y todo, es el país que más caro nos habrá salido. Aquí cualquiera te pide 150 USD al día por pasearte en 4x4 y plantarte la tienda en medio de la nada, con chofer y cocinero incluidos pero sin carne en el menú. Después de discutir durante un buen rato conseguimos pagar tan sólo 135 dólares por cabeza pero así vamos. Con el único jeep de toda Tanzania que tiene el volante al otro lado y durmiendo en una tienda de cuando la Reina Victoria. ¡Quién nos iba a decir que echaríamos de menos nuestro Toyota “caracol” de Namibia! Pero suerte que no hemos venido por libre porque nos hubieran crujido. Sólo la entrada al parque para dos personas, permiso de acampada incluido, cuesta más de 200 dólares. A esto añádele el alquiler del 4x4, la gasolina, la comida y los sustos. Caro pero roza el escándalo cuando ves que los baños del camping son unas letrinas tan guarras que ni por la India. Hay que tener jeta para poner esos precios y hacerte cagar como en la prehistoria, por mucho que el primer homínido lo encontraran por aquí. Aunque peor estaban las duchas, cuando las había, claro. Nosotros sobornamos a los guías para colarnos en las de los ricos pero nuestros compañeros de viaje fácil se habrán pasado varios días sin mojarse.

Hasta en eso hemos tenido mala suerte. Vamos en el coche con una pareja de franceses enamorados. El problema es que los dos lo están de la misma persona. Celine de Eric y Eric de sí mismo. Un anestesista egocéntrico que se sobra y basta de sus historias para dormir de aburrimiento a sus pacientes. Aunque igual ellos dicen lo mismo de nosotros. Pero no, no pueden porque en cinco días no nos han hecho ni una sola pregunta, ni que fuera por educación, así que dudo mucho que se acuerden de nuestros nombres. Ese es el riesgo de este tipo de viajes. Te puede tocar la china, los franceses o conocer a gente encantadora como Martin y Anja, los alemanes con los que cruzamos el Tibet. La última vez que supimos de ellos iban a tomar el Transiberiano para ir de Mongolia a San Petersburgo.

Volviendo al safari, te cuentan que tienen esos precios para evitar que la masificación lo acabe destrozando todo. Por aquí. Detrás de cada león, había una cola de jeeps que ni en el Carrefour. Además, si es por demasiada gente, pon un cupo y se acabó. Así que no os dejéis engañar. Tanzania para los Tanzanos y vosotros a otro lado. Que Africa es muy grande y hay bichos por todas partes. Y de todos los tamaños.

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