viernes, 20 de junio de 2008

Zimbabwe, el país de los billonarios

Sí, habéis leído bien. Zimbabwe, el país con más billonarios del mundo. Y suerte que es así. O no tendrían ni para el pan. Aunque ahora ya ni lo venden, se lo hacen en casa que sale más barato. Pero si lo compraran, la barra saldría por 1 billón. De dólares de Zimbabwe, claro. En moneda americana, unos 20 céntimos. Al menos ese era el cambio en el mercado negro cuando llegamos porque hoy el banco te puede dar la mitad o incluso menos. O el doble. Esta es la locura de la hiperinflación. Uno sabe el valor de lo que tenía ayer pero desconoce lo que pasará mañana. Por eso no es extraño lo que nos ocurrió en el bar del hotel. La tarifa oficial para una cerveza Zambezi era 5.000.000.000 Z$ o 3 US$ pero el mismo camarero nos cambiaba uno de nuestros dólares por 5 de sus billones. Es decir, con el dinero que íbamos a pagar una birra, en un instante ya podíamos bebernos tres.



Así están desde que la gran solución del Presidente Mugabe a sus problemas económicos fue empezar a imprimir billetes y más billetes. La subida de los precios se ha comido toda la riqueza del país. En Marzo tuvieron las primarias y desde entonces andan a la greña unos con otros, ejército incluido con amenazas de Golpe de Estado y prohibiciones sobre las ONGs por apoyar a la oposición. Y mientras no llegan las elecciones para la presidencia, el país sin barrer. O sin gasolina, que es peor. Por eso, por no tener, el mejor restaurante de Victoria Falls, el Spurs Steakhouse, no tiene ni servilletas. Ni aceite, ni pan, ni un montón de cosas básicas. Ellos disimulan su vergüenza diciendo que es culpa de la corriente que se fue pero la verdad es que los Hoteles están vacíos y la gente camina por la calle como almas en pena. Esto era un paraíso turístico con entrada continua de divisas pero ahora pocos se atreven a venir. Prefieren irse al otro lado de las Cataratas, a Zambia. La vista también es buena aunque sólo tengan un mirador. Aquí, en cambio, nos hemos quedado cuatro valientes. Algún sudafricano con la piel dura, Hristo Stoichkov y nosotros. Imaginaros el momento. Todos con chubasquero, empapados de arriba abajo y de repente nos encontramos con la Furia del Gol. Le saludamos como locos. “Hristo!!”. Su respuesta como es él, clara y directa. “¿Qué pasa?”.

Pues eso, pasa que el sitio más bonito que nunca hemos visto está en un país de donde la gente huye como conejos porque no pueden vivir en paz. Son las Cataratas Victoria, descubiertas al mundo Occidental por el “Dr. Livingstone, I presume” (Dr. Livingstone, supongo). Ya tuvo suerte el poeta de la frase, Stanley, porque sus dos palabras le hicieron pasar a la Historia por haber encontrado al explorador perdido, en vez del tipo que conquistó el Congo Belga, para que después el Rey Leopoldo lo saqueara dejando detrás suyo más de 10 millones de muertos. Y eso ya en pleno siglo XX. Que se dice rápido y se olvida pronto.




Así es Africa. Miras a un lado y ves una maravilla. Miras al otro y se te revuelve el estómago. La entrada a las Cataratas está a 200 metros del puente aduana que une Zimbabwe y Zambia. A la derecha de la carretera está el parking, a la izquierda las taquillas. Parece sencillo cruzar pero no lo es. En medio, hay una fila larguísima de camiones y trailers que esperan los trámites para poder cambiar de país. A los ojos de cualquier economista, una pérdida absurda de tiempo y dinero. A los ojos de los cooperantes y misioneros españoles que trabajan por aquí, la mayor causa de propagación del peor de los problemas africanos. El SIDA. En estos países el índice de seropositivos pueden llegar fácilmente al 30 ó 40%, aunque entre el colectivo de camioneros que recorren Africa de arriba abajo supera el 85%.

Pasamos por su lado sin dejar de pensar en el aspecto que tendrán de aquí unos años y entramos en las Victoria Falls. De día son lindas, quizás menos grandiosas que Iguazú pero mucho más íntimas y salvajes. Una lluvia trepa y escala por las paredes de más de cien metros hasta calarnos totalmente. Es el agua rebotada por la fuerza de la caída que sobrevuela nuestras cabezas llegando a parecer, por momentos, una auténtica tormenta tropical. Pero esto no es nada al lado del espectáculo de la noche. Hoy es Luna Llena. Nunca veréis nada más bonito. Tanto que tenemos ganas de llorar. El Arco Iris formado por la luz de la Luna se zambulle en las aguas del río Zambezi, mientras su cauce desaparece como desmoronándose en un pozo sin fondo. El estruendo que produce el final de esa carrera vertical son los rugidos de la madre naturaleza recordándonos que ella siempre será la única maravilla del mundo. A las nuestras, cualquier día se las traga con la misma facilidad que la corriente sigue su rumbo, como si nada hubiera pasado.
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