domingo, 15 de junio de 2008

Don't stress, that's adventure

45 años, negro, grande como un armario pero todavía más simpático. Si lo vieran en Hollywood, el daban el papel de padre bonachón en cualquier teleserie. Bob es el barman del Audi Camp. Aunque no tiene nada que ver con los coches es un enamorado del Toyota 4x4 que hemos alquilado y con el que hemos recorrido toda Namibia hasta llegar a Botswana. Tan sólo diez días antes aterrizábamos en Africa para hacer un “self-drive safari”. Nuestro todo terreno es una máquina aunque visto desde fuera pueda parecer un caracol, por eso de que va con la casa a cuestas. Tienda de campaña en el techo, despegable como un acordeón y hecha a prueba de patosos de ciudad como nosotros. Esta sólo es una de sus ventajas, la otra es que por la noche los leopardos y otros gatos que campan por aquí se pasean por debajo sin quitarte demasiado el sueño.

Ha sido poco tiempo pero lo justo para enamorarnos de Namibia. Las dunas rojas del desierto, los grabados en piedra de descendientes de los primeros humanos, el pueblecito costero de Swakopmund con su extraño encanto y el mejor hotel que nunca vimos, Etosha Park con cientos de miles de animales. Pero sobretodo Namibia y sus atardeceres. La sensación de soledad y tranquilidad que irradian los paisajes de este país sólo se pueden comparar a su belleza. Ni una sola nube en el horizonte. Cielo cristalino sobre el que desciende el sol y en el que empiezan a aparecer naranjas, rojos, violetas, de una intensidad tal que parecen ser los colores puros recién inventados por dios.






Llevamos casi 4000 kilómetros encima y hemos mordido el polvo de los pinchazos más de una vez pero ha valido la pena. Y más con la panza bien servida como vamos. No ha habido noche en la que no hiciéramos una barbacoa. A 4 euros el kilo de filete ya os podéis imaginar. Y de los mejores. En Namibia hay buena carne pero la de Botswana la supera. Por algo es su segunda industria después de los diamantes. Dicen que McDonalds la compra toda aquí. Como para no quererla.

Si alguien ha estado en Sudáfrica, esto se parece al Parque Kruger pero más salvaje y más bonito. Puedes circular por caminos de gravilla buscando los Big Five –elefantes, leones, leopardos, rinos y búfalos- pero lo mejor es quedarse en el campamento de Halali dentro del Etosha Park. Allí tienen un mirador encarado a unos de las múltiples charcas que pueblan el parque. Sólo tienes que esperar sentado y verás el teatro de la sabana pasear por delante tuyo. Uno por uno todos los animales van acercándose para beber. Sin prisa pero sin pausa. Hasta parece que tengan un orden establecido. Tan pronto como los elefantes salen de escena, llegan los jabalís. Cuando estos se cansan, se asoman las cebras. Se van y vienen los zorros. Se hace de noche y aparecen los rinocerontes. Y así sin parar.






Pero os decía que ahora ya estábamos en Botswana. Ayer cruzamos la frontera y bajamos a lo largo del Okavango, un río sin mar. Sus aguas nacen en Angola, cruzan Namibia y llegan a Botswana seis meses después. Justo allí hace 20.000 años las placas tectónicas se movieron cortando para siempre su cauce. Desde entonces, la corriente invade todos los rincones formando un inmenso delta en medio de la nada. Poco a poco el agua desaparece por evaporación y el proceso vuelve a empezar. Un paseo en mokoro por sus canales es como estar viendo Memorias de Africa desde dentro.
Nuestro próximo destino es Zimbwawe y las Cataratas Victoria pero para llegar hasta allí desde el Okavango Delta debemos cruzar dos parques más, el Moremi y el Chobe. Casi 400 km de dunas continuas y ríos sin puentes. Además, tendremos que dormir al raso, sin vallas ni nada que nos proteja del montón de leones que abundan por aquí. Dicen que lo mejor es juntarte con más gente y poner los coches en redondel como si fuera una caravana del Oeste a punto de ser atacada por cientos de indios.

Por esto estamos en la barra de Bob. Para tomarnos una cerveza bien fría y coger fuerzas para lo que nos queda. Y de paso, oír todos sus truquillos para superar las trampas de arena, aunque después de ver cómo el agua nos llegaba al capó cruzando los ríos de ayer, este mini Paris-Dakar se nos queda corto. Eso sí, su mejor consejo lo hacemos nuestro para cualquiera que se vaya a dar la Vuelta al Mundo:

- And if something happens don’t stress, that’s adventure.


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