viernes, 30 de noviembre de 2007

¿Perfectos y aburridos? De Singapore

¿Perfectos y aburridos? De Singapore. Aunque ellos contestarían, sin ningún rubor y quizás con toda la razón: sí, ¿y qué más da ser aburridos cuando somos el quinto país del mundo en renta per cápita? Así de prácticos son los tíos y, claro, así de bien les han ido las cosas desde que en 1959 fueron la penúltima colonia es salir por piernas del yugo del Imperio. Británico, por supuesto.

Y esto se nota en cada esquina de su Ciudad-Estado. No sólo porque conducen por la izquierda como todo hijo del Imperio, sino porque la educación de gentleman inglés se les quedó bien grabada. Pero no en sus genes que siguen siendo de todos los colores menos blancos, sino en uno de sus muchos leit motivs: cero corrupción en política. Después han tenido montones de otras Campañas Nacionales, término que utilizan para designar las olas publicitarias con las que cada dos por tres inundan su pequeña isla, como por ejemplo la de Speak Good English (para evitar la aparición del Singlish) o Romancing Singapore (para fomentar la natalidad).

Aunque, todo hay que decirlo, pocas de ellas han funcionado. Pero como ya os decía, sí que lo hicieron las dos primeras: ser prácticos y ser honestos. Y con esto han tenido más que suficiente para pasar de tener hambre a ser una pequeña potencia mundial con tan sólo 4 millones de habitantes. Con esto y con todas sus consecuencias, algunas de las cuales serían impensables de aplicar en países como los nuestros. La más importante de todas ellas, lo que llaman Streaming Education. En castizo: el que vale, vale, y el que no que se dedique a otra cosa mariposa. Dicho así suena mal o al menos poco solidario, lo reconozco. Pero no me negaréis que práctico lo es y, visto lo visto, productivo también.

Desde bien pequeñitos se especializan en aquellas áreas en las que destacan aun a costa de que quien no lo haga en nada, se quede atrás sin remedio. El capitalismo puro llevado también a las escuelas. Pero fueron incluso más allá. El que vale vale, pero sólo en las áreas que necesitamos para desarrollarnos. En las demás, lo siento pero ahora no tenemos tiempo que perder. Problemas más gordos tenemos que solucionar. Por si no me he explicado, en Singapur durante décadas han estado preponderando la Educación de forma abusiva en Ciencias Exactas y en las Politécnicas, así como en Tecnología e Información, y dejando de lado las ciencias menos creativas. Eso además de dedicar “tan sólo” un 20% del presupuesto a Educación. En USA rondan el 4%. Sin comentarios. Y así les luce el pelo. Perfecto y aburrido. Y eso también se ve en cada esquina. Desde sus rascacielos que son tan sosos como altos, hasta sus monumentos que hay que tener el premio Pullitzer de fotografía para sacarles partido. Cero patatero en creatividad. Y, claro, lo que se dice bonito pues no lo es. Por eso, cuesta de hacerse querer incluso por los suyos.

De hecho y esto es totalmente verídico, los propios ciudadanos de Singapur ven a su país como un Hotel. El sitio donde residen y poco más. Cada uno de ellos ha conservado su propio origen como su nacionalidad y la guardan con celo en sus barrios. En Arab Street, Little India, Holland Road o China Town. Imaginaros esta mezcla en un país europeo. No duraríamos ni dos días sin tirarnos los trastos y los cohetes unos a otros. Allí ni se inmutan. Como siempre, aplican su pragmatismo. Que cada uno se sienta lo que quiera, que en el colegio los educan a todos con el inglés. Pero no os creáis que lo hacen porque el inglés es el idioma oficial o cualquier tontería de esta. Nada de eso. Simplemente decidieron que era lo mejor para su desarrollo económico. Y por la misma razón ahora están implementando el mandarín. Imaginaros cómo saldrán los tíos. Técnicos de primera, hablando el inglés por los codos y entendiendo a los chinos por las orejas. Tiemblo de pensar cómo se sentirá el pringadillo de mi hijo a su lado, chapurreando spanglish, con su acento patatero como el mío. Pero eso sí, con la cabeza bien alta y como un bombo de oír que el castellano está marginado de las escuelas o el catalán de la vida pública. El que vale vale y habla tres idiomas como ellos. Y el que no, como yo, escribiendo con dos dedos en un portátil cuyos componentes lo más probable es que hayan sido fabricados en Singapore.




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