miércoles, 22 de agosto de 2007

Hola mundo!!!

Supongo que un blog así debería haber empezado explicando cómo y cuándo uno decide dejarlo todo para irse a dar la Vuelta al Mundo. Me sabe mal decepcionar a quién se espere algo excepcional, diferente o incluso dramático, pero en nuestro caso todo ha sido relativamente normal. Pensad que para quien lleva meses preparando un viaje así y años anhelándolo, se convierte en algo corriente y cotidiano y más todavía cuando en nuestra Vuelta al Mundo no queremos batir ningún récord, ni cometer ninguna heroicidad, ni encontrar el Santo Grial, ni mucho menos huir de nuestra vida actual o encontrarnos a nosotros mismos por el camino. Simplemente estamos locos por conocer una larguísima lista de países, culturas, gastronomías y gentes, y queremos hacerlo juntos, sin ataduras de ningún tipo, disfrutándolo al máximo. Por eso hemos dejado nuestros trabajos y por eso estaremos un año fuera de casa.

¡Pero claro que a la vuelta seremos personas diferentes! También lo seríamos si nos quedáramos aquí. La diferencia es que en un caso evolucionaríamos al mismo ritmo y de la misma forma que nuestra gente y apenas notaríamos la diferencia, y en el otro ¡quién sabe hacia dónde nos llevará el viaje! Uno espera que una experiencia de este tipo le convierta en una persona más flexible, más práctica, más generosa, más abierta, menos dependiente de lo material y más de lo emocional, incluso más optimista. Espero que no suene pretencioso, todo el mundo tiene sus ambiciones y ésta es la nuestra. Pero sin traumas y sin romper nada que no tenga arreglo. Es decir, a la vuelta simplemente queremos ser capaces de disfrutar todavía más de la vida, de nuestra vida; y no habernos convertido en otras personas que ya no se sientan a gusto en su casa ni con sus amigos.
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