miércoles, 22 de agosto de 2007

Cuéntame que te vas

Un día me contaron que fue Leonardo da Vinci quien, al buscar a un maleante como modelo para el Judas de la Santa Cena, dijo aquello de que el rostro es el espejo del alma. Yo más bien creo que es en la cara de tus amigos y familiares en los que te puedes ver reflejado. Por esto, a medida que les hemos ido contando que en Septiembre nos íbamos a dar la Vuelta al Mundo durante un año, queríamos ver su reacción para comprender mejor qué podría significar este viaje para nosotros.

Primero nuestras familias, que aunque piensen que es una locura, hicieron de tripas corazón, y más con el estómago que con la cabeza, nos han apoyado desde el primer día, sin dudas y sin condiciones. Después, están los amigos que ante la noticia se les iluminan los ojos, saltan de sus asientos y empiezan a insultarnos cariñosamente. Algunos de ellos ya tienen cargas con las que es imposible lanzarse a una aventura así pero te ruegan con sus abrazos y besos que te lleves un pedacito de su alma en tu mochila y, sin saberlo, ya se han convertido en una de las partes más queridas de nuestro equipaje y, seguro, la menos pesada de todas ellas.

Otros, reconocen entre risas que piensan que estamos locos porque ellos nunca lo harían, pero que no por eso dejan de alegrarse un montón por nosotros. Aunque claro, a éstos procuramos no aburrirlos demasiado con detalles porque tampoco tienen por qué sufrirlo!!!!

También los hay que apenas unos momentos después de darles la noticia cambian de conversación para hablar de cualquier otro tema, como si simplemente les hubiéramos dicho que íbamos a pasar el fin de semana aquí o allá… No pasa nada, de veras!!! Pero no deja de ser curioso, ¿no? A veces hemos pensado que incluso puede que sea por vergüenza o timidez. Es verdad que otras es puro desinterés pero todos cambiamos y evolucionamos y no tenemos por qué ir siempre por los mismos caminos, sean para dar la vuelta al mundo o a la manzana de casa. Además, quién sabe si antes o después, esos caminos se volverán a cruzar??!!!


Sólo para los futuros Willy Fogs...

Finalmente, en otros pudimos vislumbrar en sus palabras pero más en sus gestos que tienen el corazón partido. Observan nuestra aventura con admiración y deseo pero inconscientemente justifican el seguir fondeados en su vida actual con frases como “¡qué suerte tenéis! En vuestra situación yo también lo haría”. Para esa gente que nunca cree estar en la “situación para hacerlo”, siempre son los demás los afortunados.

Si sois de éstos, sólo os puedo decir que lo más caro de dar la Vuelta al Mundo nunca son los billetes ni los hoteles, sino el coste de renunciar a la estabilidad de tu vida. Y eso no depende de tener mayor o menor fortuna, incluyendo la monetaria, ni tampoco de ser más o menos valiente. Eso tan sólo depende de las ganas que tengáis en realidad de lanzaros a la aventura. Así que, si realmente lo deseáis con todo vuestro cuerpo y con toda vuestra alma, estaréis dispuestos a pagar ese precio y daréis el paso. En caso contrario, quizás no habéis encontrado vuestro verdadero sueño y, mientras, habéis tomado prestado el de otros.

El sueño de dar la Vuelta al Mundo es, posiblemente, el más recurrente y, por eso, en la pereza que tenemos todos para pensar es fácil que sea también el primero en aparecer antes las dudas de la vida. Pero por eso también es el que más y mejores excusas tiene para dejarlo de lado una y otra vez. Creedme porque conozco bien esa sensación, de estar en medio de un puente buscando y encontrando razones para evitar ir para adelante o para atrás.

Es el puente de las dudas, donde muchos pueden vivir pero pocos encuentran el equilibrio. Yo he estado allí y sé cómo te sientes cuando sopla el viento, todo se mueve de un lado a otro y uno no sabe si avanzar o retroceder. Y cuando por pura inconsciencia más que por valentía uno se lanza en una dirección sin tener el corazón totalmente convencido, las piernas empiezan a temblar y el vaivén se hace insoportable. Entonces, como un niño perdido y agotado, decides sentarte y esperar a que pase algo en tu vida.

Aquí sí que tuve suerte, un ángel, mi amor, vino a buscarme, pasó por mi lado con su paso firme y con su risa contagiosa y, después de muchos años de verla, por primera vez la miré. Y ella me sonrió, me cogió la mano y me dijo “somos uno, tú y yo, dos almas enteras, dos mitades de un corazón y ya nunca volveremos a estar solos”. Y así caminando juntos, cruzamos ese puente.

Os puedo asegurar que desde este lado del puente uno ya no ve el precipicio y no tengo ninguna duda de que desde el otro extremo tampoco. Por eso, lo importante no es si uno decide irse o quedarse sino escoger uno de los dos bandos. Y si seguís encontrando razones para evitar avanzar o retroceder, como os decía, seguramente no es que no tengáis la fortuna de estar en la situación para hacerlo o que no tengáis la valentía suficiente, sino simplemente que estáis en el puente equivocado. Saltad entonces de allí y lanzaos al siguiente o al otro o al de más allá, hasta que encontréis vuestro puente, vuestro sueño. Sea cuál sea. E id a por él. ¿Qué tenéis que perder? ¿Mucho? Entonces es que vuestra vida ya está llena de cosas que valen la pena y quizás el mejor sueño sea llegar a casa cada tarde para estar con los tuyos. ¿Nada? ¡Pues adelante y buena suerte!


(si este texto ha servido de ayuda a alguien que tuviera dudas como yo las tuve, genial! Si otros piensan que es filosofía barata, pues tienen toda la razón. Tan barata como que es gratis...;))
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